• En la segunda novela de Mike Lightwood, El hielo de mis venas, leeremos qué se siente cuando no aceptas tu orientación sexual.

Hace un año os hablábamos de El fuego en el que ardo, la primera novela de Mike Lightwood en la que se dejaba claro que ser gay a los 16 años puede ser algo totalmente diferente a lo que se ve en esas series y películas tan bien intencionadas y que tanto molestan a nuestros amigos de la caverna. Sí, está bastante bien mostrar personajes homosexuales con relaciones perfecta e idealmente normalizadas, tanto que hasta el mismísimo Eliad Cohen les daría su aprobación, en institutos en los que no hay ningún problema y todos, profesores, compañeros y padres son maravillosamente comprensivos y tolerantes.

Lo que pasa es que todavía hay demasiados que no se sienten nada identificados con esos chupimundos de piruletas y también hay que hablar de los muchísimos chavales que siguen teniendo auténtico pánico a salir del armario en su centro de estudios porque piensan que si lo hacen pueden acabar aislados, sin amigos y teniendo que soportar a diario todo tipo de burlas y humillaciones que vienen de los cuatro idiotas que hay en todas partes. Eso es precisamente lo que le pasaba a Óscar, el protagonista de aquel primer libro, que acabó siendo marcado como el maricón del instituto y tuvo que añadir el acoso homófobo de sus compañeros a una situación en casa insostenible con un padre machista, homófobo y maltratador.

En El hielo de mis venas volvemos a este universo adolescente, con los mismos personajes, pero esta vez conoceremos el otro lado de la historia, el lado oscuro y tenebroso de lo que pasa por la cabeza de quien no acepta la orientación sexual diferente de los demás y la suya propia. No es necesario haber terminado el anterior para leer este nuevo libro, un companion que está a medio camino entre la continuación y el spin-off del primero; se trata de dos novelas independientes y autoconclusivas, y entre las dos podremos conocer las dos versiones de la historia vistas con distintos ojos y comprender mejor algunas de las cosas que pasan en la primera.

El protagonista de esta nueva novela es Darío, al que ya conocimos en la anterior como uno de los personajes negativos y el principal causante de que Óscar terminara siendo la víctima de la inquina homófoba de parte de algunos de sus compañeros.

Ya sabéis que muchas veces se dice que detrás de un homófobo, sobre todo de los más activos y militantes, suele haber una persona amargada que reprime su verdadera orientación sexual. En realidad, no tiene por qué ser siempre así, pero es cierto que es algo que muchas veces ocurre, como se ha podido demostrar en diversos estudios universitarios. Y, sin querer desvelar demasiado de la trama, podemos decir que es algo que vais a encontrar en esta novela. Pero Mike también ha realizado un gran trabajo tratando de empatizar con estas personas y mostrándonos lo que hay al otro lado, haciéndonos ver qué motivaciones tienen, por equivocadas que estén, para comportarse como lo hacen . Todos tenemos una historia que contar, al fin de cuentas, incluso los que hacen cosas despreciables, y muchas veces una justificación para hacerla, por muy absurda y repugnante que nos parezca. Aquí tenemos a un personaje lleno de miedos, obsesiones (que aparecen a lo largo de todo el libro en forma de pesadillas) y muchas contradicciones, que si odia y hace daño a personas las que quiere es precisamente porque no se quiere a sí mismo. Efectivamente, es necesario que, en un puro back to basics, recordemos una vez más algo que todos deberíamos saber pero que hay que aprenderlo, como casi todo.

No es precisamente sencillo (para nosotros) comprender a alguien como Darío, y no se trata de hacerlo pasar de repente como un pobre incomprendido o una víctima de un sistema heteropatriarcal (¡sí, hemos usado la maldita palabra!) que lo ha empujado a ser como es. Realmente, aquí cuenta mucho que Lightwood tuviera que aprender a ocultar su orientación sexual en la adolescencia, como nos contó cuando hablamos con él. Como persona que también ha sufrido bullying por su físico, podemos decir que el autor conoce de primera mano y ha estado en los dos lados de este tipo de situaciones, y nuevamente, como en su anterior libro, se nota que pone mucho de sí mismo en lo que escribe. De hecho, él mismo reconoce que ha experimentado en algún momento muchos de los sentimientos por los que pasa Darío, un personaje que representa a todos los que se asquean de ellos mismos cuando ven que siente atracción por otros chicos y que reaccionan con violencia.

Ahora pensad un poco en el tipo de novelas para un público juvenil que podáis encontrar en el mercado, o dicho de otro modo, ¿qué es lo que se asocia con un culebrón teenager? Independientemente de las modas (¿se sigue llevando lo de la fantasia sobrenatural urbana?), seguramente encontraréis historias heterosexualísimas de chicas más o menos audaces y aventureras que tienen que elegir entre dos chicos- candidatos (cómo no) a amores de su vida mientras desfazen algún entuerto que otro. Es cada vez más habitual encontrar algún personaje secundario que no es heterosexual, pero ¿en cuántas novelas que podáis recordar la historia se centra en la historia de (des)amor de dos chicos? Y aun así, hay alguno que se atreve a decir que no eran necesarios tantos personajes gais o que hay un exceso de representación de la homosexualidad en esta serie de novelas juveniles…

Los protagonistas de El hielo de mis venas tienen sobre unos 16 ó 17 años. Y no son seres puros y virginales, tienen relaciones sexuales que no se limitan a mirarse tiernamente a los ojos y decirse lo guapos que son y lo perfectos que son sus músculos, como en ciertas noveluchas de vampiros. Estamos hablando de una edad en la que las hormonas están enloquecidas para todos, y nuevamente nos ha parecido fantástico que el autor haya incluído este tipo de escenas en su narración y que la editorial no haya puesto ningún reparo en publicarlas. Y todo ello, en un libro dirigido a un público muy joven en el que se tratan también otros temas como la traición, la pérdida, el sentimiento de culpa o el de la autoaceptación.

No os vamos a contar ningún secreto si os recordamos que, por desgracia, los pasillos de un instituto no son el mejor sitio para salir del armario y vivir tu orientación sexual con la naturalidad y tranquilidad con la que viven los heterosexuales. Una vez más os decimos que ojalá hubiéramos podido leer novelas como estas cuando en vez de unos barbudos éramos unos adolescentes (muy) llenos de granos y a lo mejor, con suerte, podíamos llegar a oír hablar de libros como Maurice pero nunca llegó a nuestras manos un libro que hablara de una historia contemporánea protagonizada por chicos homosexuales en un entorno conocido.

Mike Lightwood vive entre libros; además de escribir sus propias historias trabaja traduciendo varios de otros autores cada año y podéis verlo hablando de lo que lee en su blog y en su canal de Youtube. Además de esto, participa en el grupo de educación del Cogam hablando de igualdad y diversidad en los institutos y sabe casi tanto como la propia J. K. Rowling sobre Hogwarts. Es también bastante activo en las redes sociales y a nosotros nos encanta verlo repartiendo zascas con humor y educación a las mentes menos pensantes cuando hace falta hacerlo y cuando le vemos dejando las cosas muy claras en vídeos como este, todo ello sin perder su capacidad de ser mucho hamor:

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