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Un tribunal de apelaciones de Oregón rechaza la petición de Melissa y Aaron Klein y les obliga a pagar la multa de 135.000 dólares por discriminar a una pareja de lesbianas.
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El veredicto podría afectar a la decisión del Tribunal Supremo sobre la legislación de la «libertad religiosa» en todo el país.
Hace mucho, mucho tiempo… En una galaxia muy homófoba… Te contamos la historia de Melissa Klein, una chica muy americana y muy guapa que tenía un negocio de tartas llamado Sweet Cakes By Melissa. Melissa recibió la visita de dos lesbianas que le pidieron un pastel para su boda, pero Melissa y su marido Aaron se negaron a hacer el pastel porque sus convicciones religiosas les impedían colaborar en una boda homosexual. Y de paso les citaron el Levítico y les dijeron que las personas homosexuales eran una «abominación«.
En el pastel, por cierto, no había nada gay. Era un simple pastel.
Los pasteleros heteros se defendieron en el tribunal asegurando que sus valores cristianos les impedían hacer una tarta para celebrar algo que va en contra de las enseñanzas de la Biblia. Pero su excusa sirvió de poco cuando se supo que en su pastelería era habitual que hicieran pasteles para celebrar divorcios o incluso algunos para celebrar «curaciones» de personas homosexuales.

La pareja de lesbianas denunció a Melissa y la justicia acabó dándoles la razón y Melissa y su marido fueron condenados a pagar una multa de 135.000 dólares por discriminación. La pareja de lesbianas, Laurel y Rachael Bowman-Cryer, celebraron la victoria; aunque ésta fue agridulce porque la campaña ultra-conservadora para defender a Melissa se volcó en acosarlas y provocar cientos de amenazas de muerte para la pareja y sus hijas después de que la pareja pastelera publicara sus datos personales online.

La cuestión es que Melissa y Aaron cerraron el negocio pero no sufrieron mucho porque la Asociación de la Familia Americana inició una campaña de crowdfunding que recaudó más de 400.000 dólares para la pareja. Esto, por cierto, llevó a varias páginas de crowdfunding a prohibir que se pidiera dinero para pagar multas o financiar campañas pro-discriminación como ésta. Con ese dinero Melissa y Aaron pagaron la multa… Pero poco después decidieron apelarla. Y no les ha servido de nada.
Como tampoco les sirvieron de nada los pasteles con corazoncitos acompañados de películas homófobas que mandaron a varias organizaciones LGTB+ para pedir disculpas.
El Juzgado de Apelaciones de Oregón ha rechazado la apelación a la multa impuesta por la cámara de comercio del estado asegurando que en ningún caso se trata de una violación de los derechos constitucionales de libertad religiosa o de libertad de expresión de la pastelera hetera.

Brad Avakian, el comisario de comercio de Oregón, ha emitido un comunicado celebrando la decisión del tribunal que ha interpretado como una señal de que el estado sigue abierto a todo el mundo: «Dentro de la ley de servicios públicos de Oregón está el principio de que toda persona, independientemente de su orientación sexual o identidad de género, ha de ser tratada con decencia y tiene la libertad para participar de forma activa en la sociedad.»
Por su parte el abogado de la pareja pastelera, Michael Berry (del First Liberty Institute, una firma de abogados que se dedica a defender a homófobos por todo EE.UU.), ha asegurado que la multa es antiamericana: «El tribunal no ha tenido en cuenta que el diseño personalizado de los pasteles es una forma de arte. Y el arte está cubierto por la libertad de expresión. Castigar a las personas por sus creencias religiosas está mal y es antiamericano.»

Ahora mismo hay otro caso muy parecido a éste en el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Jack Phillips es otro pastelero al que se acusó de estar violando las leyes anti-discriminación de Colorado por negarse a hacer un pastel para una boda gay. El Supremo ya ha escuchado los argumentos a favor y en contra y se espera que emitan un veredicto en unos meses.
La buena noticia es que la derrota de Melissa y Aaron en los tribunales puede influir positivamente en el Supremo. La mala noticia es que la Casa Blanca de Donald Trump decidió posicionarse del lado del pastelero y presionar al Supremo para que legisle la «libertad religiosa» (o el derecho a discriminar) a nivel federal.
Fuente | Pink News









