¿Te acuerdas de la pastelera homófoba hetera? Sí mujer, aquella chica tan pizpireta que se hizo famosa porque salió llorando en una convención de Cristianos de Bien porque un par de pérfidas lesbianas le habían denunciado por discriminación al negarse a hacer un pastel para su boda y la multa le iba a obligar a cerrar su negocio de pasteles. Que tiene gracia, te ves obligada a cerrar porque te ponen una multa por negarte a hacer justo lo que tu negocio ofrece.
La historia dio la vuelta a medio mundo y fue uno de los primeros casos en los que se empezó a hablar de «libertad religiosa» como herramienta para seguir discriminando a las personas LGTB. Tú vas a un negocio, pides que te ofrezcan un servicio y te dicen que no porque eres gay; todo muy americano.
El caso de Melissa y los Sweet Cakes By Melissa (así se llamaba la pastelería) se saldó con una condena en firme hacia la pastelera por discriminación que, además, tenía que hacer frente a dos multas de 60.000 y 75.000 dólares respectivamente en concepto de daños y perjuicios a la pareja de lesbianas que les habían pedido el pastel. Y ojo, no eran daños y perjuicios por negarse a hacer el dichoso pastel sino porque cuando Melissa y su marido hicieron público el caso no dudaron en hacer públicas las identidades y la dirección de Laurel y Rachel Bowman-Cryer, la pareja que les había denunciado, en su página de Facebook señalándolas como las mujeres que habían puesto una denuncia por discriminación contra su negocio.
Como te puedes imaginar los mensajes no eran nada bonitos. «Pudríos en el infierno, putas bolleras«, «Salta por un barranco y llévate a tu mujer contigo» o «Voy a comprar munición, sucia, asquerosa, gorda, estúpida, cruel y despreciable montón de mierda lésbica«. Incluso un hombre de Arabia Saudí les envió un mensaje diciendo que la historia le había inspirado para empezar a azotar gays.
«Empezaste una guerra, zorra, aún no hemos acabado contigo» o «Me estoy preparando para la guerra así que espero que tú y tu novia con cara de coño tengáis un buen escondite» son otros de los mensajes que Laurel y Rachel siguen recibiendo a pesar de que el caso está cerrado y ganaron la batalle legal. Los problemas, por supuesto, son más. La pareja ha tenido que mudarse en varias ocasiones e incluso han perdido varios puestos de trabajo o han sido rechazadas en entrevistas por ser quienes son.

Y mientras tanto, los Klein (Melissa y su marido) continúan avivando el fuego apareciendo de vez en cuando en alguna convención de Cristianos llorando sus penas; hecho que provoca que el tema no se cierre nunca y Laurel y Rachel sigan sufriendo las amenazas. Según el abogado de los Klein, aunque sus clientes pagaran la multa (al principio se negaron alegando dificultades financieras pero como habían recolectado casi 500.000 dólares de forma bastante pública tuvieron que pagar sí o sí) siguen manteniendo la apelación en el juzgado porque considera que estaban ejerciendo su «derecho constitucional a vivir y trabajar según sus valores y sus creencias«.
«Si nos hubieran dado la opción» explica Rachel Bowman-Cryer «probablemente sólo les habríamos dicho: Pedidnos perdón y desapareced.» «Nunca le pedimos un centavo a nadie» añade Laurel al Huffington Post «Los Klein salieron a pedir dinero para pagar la multa. Y aún continúan pidiéndolo y diciendo que no van a pagar la multa porque no quieren que su dinero sea para nosotras.»

Fuente | PinkNews










