Gorda la ha liado Russel Tovey con unas declaraciones al periódico The Guardian en las que, aparentemente, sacaba la plumofobia a pasear. En la entrevista Tovey habla sobre sus inicios haciendo anuncios (uno de las Ash ketchup muy emotivo), cómo de ahí empezó a trabajar en un show infantil en televisión que le impedía ir al colegio y hacer muchos amigos; y continúa diciendo (os pongo el extracto completo de la entrevista para que nadie diga que está sacado de contexto):
«Me daban mucha envidia los que asistían a la Escuela de Teatro Sylvia Young. Yo quería ir, pero mi padre se negó en rotundo. Pensaba que me convertiría en algún bicho raro que bailaba claqué sin ninguna titulación. Y en cierta manera tenía razón. Me alegro de no haber ido. Eso podría haber cambiado…» Tovey piensa con cuidado qué va a decir a continuación. Si tuviera que adivinar, viéndole agitarse, diría que estaba valorando entre ser sincero a riesgo de ser ofensivo, o dar un rodeo y decir algo inocuo. Elige arriesgarse con la ofensa. «Creo que podría haber sido muy afeminado si no hubiera ido a la escuela a la que fui. En la que sentía que tenía que endurecerme. Si hubiera podido relajarme, saltar por ahí, cantar en la calle, ahora podría ser una persona diferente. Le agradezco eso a mi padre, que no me permitiera seguir ese camino. Porque probablemente eso me ha dado la cualidad única que la gente cree que tengo.» La cualidad a la que se refiere es una rara forma de resistencia al encasillamiento. «Me dicen, mucho, que estoy construyendo mi propio camino. Que no hay muchos actores que estén fuera del armario que puedan interpretar a heteros, y gays, y que a todo el mundo le parezca bien«.»
Si eres de los que ha leído trocitos de la entrevista por aquí y por allí, es importante que la leas entera para saber de qué cojones estamos hablando. Porque he visto a gente indignadísima creyendo que la «cualidad» a la que Tovey se refiere es a que no tiene pluma (aunque eso es discutible) o que los maricones con pluma le dan más asco que a nosotros una almeja.
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Y resulta que no todo es tan negro ni tan blanco, que las declaraciones del actor, aunque muy desafortunadas, no son exactamente lo que algunos medios pretenden vender.
Aunque recomendamos fervientemente que Russell (y todo el mundo) se lea este bonito artículo sobre la plumofobia que escribió Littlebab un día que estaba lúcida, por más vueltas que le damos a las declaraciones del actor no vemos por ningún sitio que diga que los maricas con pluma sean lo peor. Él no le da las gracias a su padre por haberle impedido tener pluma, le da las gracias porque, según su retorcida forma de pensar, cree que lo de tener que esconder que era gay en el colegio le ha hecho parecer más «masculino» y que pueda interpretar a un hetero sin problemas.
Y digo lo de «retorcida forma de pensar» porque, en realidad, Russell está equivocadísimo. Y muchos de vosotros también lo estáis. Y he ahí el gran problema de todo esto: la pluma es la pluma, está ahí, es algo natural. Hay hombres homosexuales muy afeminados, hay hombres homosexuales nada afeminados, hay hombres heterosexuales muy afeminados y hay hombres heterosexuales que se tocan con otros hombres nada afeminados.
Nadie elige tener más o menos pluma, aunque sí es cierto que en determinadas situaciones algunos somos más propensos a darle rienda suelta de forma inconsciente y otros pueden disimularla para pasar más desapercibidos. ¿Me parece esto bien? Pues no, pero tampoco tampoco me parece mal. No es un drama. Me explico:
Hace unos años, cuando trabajaba en una tienda de cara al público, un compañero me llamó desde otra sección para que le echara un ojo a la pedazo de rubia que había pululando por la planta. Yo sonreí, colgué el teléfono, me acerqué a él y le dije: «Tío, soy marica«, y le dio la risa. Tiempo después estaba yo atendiendo a un matrimonio heterosexual muy adorable y ese compañero se pegó a mí sin decir ni mú, sólo observaba. Al terminar con la pareja le miré y le pregunté qué coño le pasaba a lo que respondió con un: «Joder, es que no se te nota nada.«
Eso sí: sácame de fiesta, dame dos cubatas, ponme a Kylie y verás si se me nota.
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Yo no oculto mi pluma de forma consciente, no pretendo hacerme pasar por lo que no soy. Pero a veces me sale más y a veces me sale menos. Y considero que eso es tan natural como alguien al que le sale siempre o alguien a quien no le sale nunca.
El problema viene cuando se instaura en el imaginario colectivo la idea de que lo masculino es bueno y lo femenino es malo. Que los chicos han de comportarse como se espera de ellos, como chicos. Y las mujeres han de comportarse como se espera de ellas, como chicas. Cuando lees en un perfil de Grindr que «Si soy gay es porque me gustan los tíos, no las locas«. Con lo fácil que resultaría no decir nada y, simplemente, esperarte a conocer a la persona. Pero es que en Grindr no estamos para buscar novio, y ahí viene otra verdad que a muchos les indigna: a cada uno le atrae un tipo de tío, el sexo no siempre es sólo una cuestión de atracción física. Y hay a quien le excita que le empotre un rudo hombretón que parece recién llegado de Invernalia y hay a quién le excita empotrar a un frágil mancebo con menos pelo en el cuerpo que Powder. O empotrar y ser empotrado por un varonil armario velludo que quiere que le llames Desiré mientras estáis en el lío.
Pero luego te presentan a alguien con mucha o muy poca pluma que no te atrae nada para echar un polvo (y no pasa nada, respira, no tienes por qué follarte a todo el que te pasa por delante) pero al que acabas adorando porque es una bellísima persona. Reconócelo: tienes muchos amigos con pluma, son una gente fantástica. Tú no eres plumófobo.
En realidad la plumofobia no es tanto una señal de homofobia interiorizada en el colectivo LGTB, si no de algo igual de malo: el machismo. Dejando a un lado el terreno de la atracción sexual, que eso es harina de otro costal, si la pluma está tan mal vista es porque se le asocian cualidades femeninas que la sociedad al completo (y no sólo el colectivo gay) cree que son negativas para los hombres, chupen el órgano sexual que chupen. La eterna pelea entre el azul y el rosa. Lo que pasa es que en nuestro caso es aún más sangrante, porque como colectivo que exige al resto de la sociedad el respeto y la tolerancia que merecemos no podemos practicar la intolerancia hacia personas que son diferentes a nosotros.
Si a un niño le gusta bailar La Pelopony y cantar por la calle, que lo haga. Si a una niña le gusta arreglar motores y montar muebles del IKEA, que los arregle y que los monte. Porque independientemente de su orientación sexual, es lo que su personalidad está reclamando y le está marcando como camino a seguir para desarrollarse como persona.
Y nosotros, como padres, tíos, hermanos o adultos que pasan por ahí, lo que debemos hacer es potenciar esas cualidades que les hacen únicos para que sean felices. Desterrar los tópicos de género y aplaudir la diferencia. Porque, al fin y al cabo, no le están haciendo daño a nadie. Ni siquiera a si mismos.
¿Qué es entonces lo que realmente cabrea de las declaraciones de Tovey? Pues que un personaje como él, un actor conocido fuera del armario que interpreta a un personaje gay en la serie Looking y que se ha convertido, en cierta manera, en un referente para muchas personas del colectivo LGTBQWERTY no tenga problema en argumentar que la pluma y el amaneramiento son cosas que se pueden «educar«. Y que si no fuera por los prejuicios de su padre (no montemos un drama, los 80 no era un tiempo tan «feliz» como el nuestro -si no te lo crees, puedes ver PRIDE-) no habría conseguido «parecer hetero«.
Tovey, si pareces hetero es porque pareces hetero. Puede que sí, que en cierta forma la homofobia que sufriste (porque la sufriste), te haya condicionado para que ocultar tu forma natural de ser sea una costumbre. Pero ¿de verdad es algo que se debe agradecer? ¿De verdad aplaudes a tu padre por no dejarte bailar, cantar, saltar y divertirte; desarrollándote como realmente sentías que querías desarrollarte? Pues a mí me da mucha pena, la verdad.
Y me da más pena aún que un personaje público perpetue el estigma de la pluma y la idea de que si uno quiere (o le fuerzan desde pequeño) puede parecer menos marica. Porque no es así. Y no es así porque no debería ser así. Cada uno ha de tener la libertad, el apoyo y el valor necesario para poder desarrollarse y ser como es; porque eso es precisamente lo que nos hace especiales y diferentes.
Y ahora dejadme tranquila que voy a inventarme un diploma en psicología y a dar una charla en Harvard, teloneado por Anna Allen.

















