Hace unos días un ex-jugador de una liga menor de baseball en Estados Unidos concedió una entrevista a Outsports en la que no sólo salía del armario, si no que anunciaba que dejaba el deporte porque estaba harto de la homofobia que se vivía en él y del daño que eso le estaba haciendo a nivel personal.
Una de las «anécdotas» que Tyler Dunnington, el jugador, explicó en esa entrevista fue aquella vez en que su entrenador en la universidad «animó» al equipo gritándoles que en Wyoming «matamos a los maricones«.
Tyler, que ha jugado en tres equipos universitarios, no quiso decir cuál de sus entrenadores había soltado semejante burrada. No porque quisiera protegerle o porque tuviera miedo, si no porque quería que se entendiera que ese tipo de comentarios se escuchan en todas partes dentro del mundo del deporte profesional o semi-profesional. O amateur. Da igual: la homofobia en el deporte está ahí.
Pero en cuanto se publicó la entrevista a Tyler, la Universidad de Colorado Mesa empezó una investigación para descubrir si había sido su entrenador el que había dicho eso. Y no les hizo falta llamar a Sherlock Holmes para descubrir que sí, que fue su entrenador de baseball, Sean McKinney, el que dijo eso. Y si dijo eso, seguro que dijo algo más.

Cuando la universidad descubrió esto y habló con McKinney todos esperaban que acabara siendo despedido. Pero no. McKinney aún conserva su puesto de trabajo. La buena noticia es que no lo hace porque le hayan quitado importancia a lo que ha dicho o porque busquen los tres pies al gato para defenderlo: McKinney sigue siendo entrenador porque ha demostrado a la junta que está arrepentido y porque se ha puesto manos a la obra para corregir sus errores y aprender de lo ocurrido.
Eso te puede sonar a excusa de mierda, pero la verdad es que McKinney ha ofrecido una rueda de prensa explicando que en cuanto saltó la polémica lo primero que hizo fue llamar a Tyler para pedirle perdón. Como él mismo ha explicado, McKinney no se considera una persona homófoba (sí amiga, ha dicho que tiene muchos amigos gays) pero es consciente de haber utilizado lenguaje homófobo y sabe por qué lo ha hecho: porque en su entorno esos comentarios no se perciben como anti-gays.
¿Te acuerdas cuando te contábamos que en Valencia iban a dejar de cantar el «maricón el que no bote» y un chico gay nos dejó un comentario diciendo que a él le hacía gracia cuando sus amigos cantaban la canción y él no botaba? Pues lo mismo pasa en el deporte, que a pesar de que se hagan comentarios homófobos a una gran parte de la población le parece bien porque no los perciben como homofobia. Pero lo son.
«No prestaba atención a esos comentarios porque no me importa qué o quién es cada uno. He hecho muchos comentarios en caliente, y uno en particular no estuvo bien. Tyler lo escuchó y me he disculpado por ello. Gracias a todo esto estoy descubriendo las historias de mucha gente y cuál es el impacto del lenguaje que utilizamos.«
Y es que McKinney no sólo ha pedido perdón y ha puesto un par de excusas, el entrenador ha cogido el toro por los cuernos y se ha sentado a charlar con un grupo de estudiantes LGTB de la universidad que le han explicado sus historias; una charla que le ha abierto los ojos a una realidad que desconocía: «Siento mucha empatía por ellos. Las historias que he escuchado sobre sus salidas del armario y lo duro que ha sido; ese nudo en el estómago que han sentido durante tanto tiempo es similar a lo que yo he sentido durante esta semana. Quiero ayudarles. Quiero ayudar a concienciar no sólo a mi equipo, si no a todo el campus.«

Es precisamente por eso, por esa voluntad que ha mostrado McKinney de enmendar sus errores que la Universidad de Colorado Mesa ha decidido no despedirle. Quieren que esta historia y el proceso de aprendizaje que está viviendo el entrenador sirvan para darle fuerza ayudar a toda la universidad a avanzar en la concienciación sobre los problemas de los estudiantes LGTB. Y por eso el entrenador se muestra muy agradecido: «Ha sido una experiencia de aprendizaje tremenda. En las reuniones que he tenido con nuestro rector y con la gente alrededor del campus he tenido la sensación de que todo se mueve en una dirección muy positiva. Me centraré en los chicos de mi equipo para concienciarles. Esta experiencia nos ayudará a avanzar. He hablado con todos y cada uno de ellos, y las conversaciones han ido muy bien. Y eso creará un efecto dominó a través de toda la universidad. Mucha gente quiere sumarse a esto.«
Desde la universidad se han unido a la iniciativa One Colorado (una ONG que lucha por la igualdad de las personas LGTB) y apoyan a la Gay-Straight Alliance del campus para crear un programa que ayude a la integración de las personas LGTB; además el departamento de deportes se ha sumado al proyecto You Can Play que ayuda a los entrenadores y los jugadores a cambiar las reglas del juego dentro del vestuario y abandonar el lenguaje crudo, ofensivo y homófobo que se suele escuchar en un vestuario.
Parece que al final el dicho tenía razón: no hay mal que por bien no venga.
Fuente | Outsports













