El peor enemigo de Charlie Sheen es, sin lugar a dudas Charlie Sheen. Sólo eso explica el lamentable espectáculo que se está formando alrededor de la entrevista televisada en la que ha reconocido que es seropositivo. Porque sí, lo que estamos viendo es MUY lamentable y a todos se nos debería caer la cara de vergüenza.
Porque primero están los que han pasado olímpicamente de la noticia, los que no hablan de VIH a no ser que sea por algo muy escandaloso (para bien o para mal) que les genere muchas visitas; y lo de Charlie Sheen lo ha publicado todo el mundo ya y nadie tiene nada más que leer sobre el tema. Luego están los que después de casi 40 años con el VIH entre nosotros no han entendido la diferencia entre ser portador del VIH y tener SIDA; que había pensado darles un pin por su tremenda estupidez pero me he dado cuenta de que se me va de presupuesto.
Están los medios a los que la ética periodística les importa una soberana mierda y titulan cosas como «BOMBAZO: Charlie Sheen tiene SIDA» y otros que en los títulos SEO de sus artículos añaden la palabra «SIDA». Porque todo el mundo sabe que en Google vende más «el sidazo de Charlie Sheen» que «Charlie Sheen es VIH+».
Ya de paso ese mismo medio, adalid del periodismo de este país, no duda en fiarse de una web sensacionalista americana en la que mezclan a las actrices porno, con las celebrities y los atentados de París para escribir un artículo diciendo que Sheen se acostó con muchísima gente (¡mujeres! ¡hombres! ¡transexuales!) sin decirles que era seropositivo, que dejó embarazada a una actriz porno cuando ya tenía VIH o que se gastó una millonada en prostitutas en el último año y lo hizo sin ningún tipo de vergüenza. Da igual si tuvo sexo con o sin condón. Charlie Sheen tuvo la desfachatez de mantener una vida sexual activa aún siendo seropositivo.
Porque un buen pánico vende aún más que un buen SIDA.
Y luego, estas tú.
He leído muchas tonterías en tus redes sociales, a veces me río con ellas y otras pienso que no me hace gracia y siento la tentación de unfollowearte u ocultar tus publicaciones. Lo lógico es hacerlo en el otro orden, pero ya me conoces, soy muy radical. Llevo unos días que he estado un poco ausente y hoy me he dado cuenta de que tal vez no deberíamos ser amigos. Porque no me gusta ser amigo de gente hipócrita. Y lo eres.
Tú también has follado sin condón. Tú también te has tragado el semen de otro. Tú también te has emborrachado y has hecho tonterías, o te has colocado y te has despertado al día siguiente sin saber qué habías hecho la noche anterior. Luego te hacen una encuesta y dices que no te acostarías con alguien seropositivo si supieras que es seropositivo, y cuando vas a hacerte la prueba del VIH (si te la haces) les dices que siempre usas el preservativo porque te cuidas cuando te preguntan si has tenido alguna relación de riesgo.
Pero lo cierto es que no. Y no lo digo porque yo esté ahí observando todos y cada uno de los polvos que echas. Bastante tengo con los míos. Lo digo porque me lo has contado tú. O porque un día de casualidad coincidimos en la sauna y te lo estabas pasando genial. Porque el viernes quedaste con un rollete para «ver una peli«, el sábado saliste de fiesta y te escapaste un momentito al cuarto oscuro y el domingo te fuiste a un chill. Entre semana no haces esas cosas, estás muy ocupado haciéndote los selfies en el gimnasio y llenando tu Instagram de platos de comida y caras de amigos sonrientes. Porque eres un chico gay sano, joven, con inquietudes, que no hace tonterías. Pero las haces.
Probablemente no cada fin de semana. O sí. Probablemente lo hiciste sólo una vez cuando te dejó tu novio, o cuando te echaron del trabajo. Probablemente te avergüences. O no. Pero las haces.
O las has hecho. O las harás.
Y no veas el marrón que se te puede venir encima cuando un día justo después de decir lo de «yo me cuido, siempre lo hago con condón«, el que esté mirando el resultado de tu prueba te diga que eres seropositivo. No vas a saber dónde meterte. Pero no porque te estén sentenciando a muerte o a una vida de cuidados médicos entre dolores y terribles sufrimientos, que el VIH -en un país desarrollado- no es mortal. Sino porque vas a tener que luchar contra los estereotipos que tú mismo has ayudado a crear.
Que es una cosa que siempre me ha hecho muchísima gracia, cómo los gays proclamamos el amor libre, idolatramos a los actores porno, vendemos carne a la mínima que podemos… Pero luego como colectivo somos más beatas que las señoras que van a misa.
Y no te escabullas tú, amiga heterosexual, como si la cosa no fuera contigo. Que para ti también tengo. ¿A cuántos rolletes de tu Tinder les has hecho una mamada rápida y te has tragado la lefa? ¿Cuántas veces has follado sin condón porque te estás tomando la píldora? Total, las mujeres sólo os podéis quedar embarazadas ¿verdad? La sífilis, la gonorrea, el VIH… eso son cosas de maricas. ¿A cuántos de tu clase del instituto te has cepillado sin condón? ¿Y del trabajo? ¿Cuántos polvos en los lavabos de una discoteca has dejado escapar porque no llevabas una goma en el bolso? ¿Y hablamos de los parkings de la feria de tu pueblo? ¿Del polvo que echaste el otro día con tu ex?
A lo mejor no eres promiscuo. A lo mejor sólo follas a pelo con tu pareja. Pero a lo mejor tu pareja no sólo folla a pelo contigo. A lo mejor eres un seminarista virgen que una noche sufre una crisis de fe, se emborracha en un bar y acaba haciendo cosas que jamás pensó que haría, y con una + más grande que la que hay en la iglesia de su barrio.
Es lo malo que tiene el VIH, que no discrimina. A él le da igual que seas un vividor follador, una mujer liberada o un chaval que echa su primer casquete. Pero tú sí discriminas. Tú bromeas sobre Charlie Sheen y su vida sexual. Joder ¡si hasta él lo hace! Tú te cagas en Charlie Sheen porque es un hijo de puta por haberse acostado con mujeres sin haberles dicho que era seropositivo. Porque todo el mundo sabe que los seropositivos son como los vampiros y con una sola mirada te obnubilan y hacen que tu cerebro deje de funcionar y ¡voilà! Te la meten sin condón. Aunque tú nunca lo haces sin condón. Nadie lo hace nunca sin condón. NADIE.
Pero el VIH sigue ahí.
Porque muchos preferís vivir engañados creyendo que el VIH hay que buscarlo, que eso no te va a pasar a ti, que por una vez que hiciste una tontería no te va a pasar nada. Cuando precisamente la gran putada del VIH es que sólo hace falta que acepte la invitación una vez que no te lo vas a quitar de encima en la vida. Y ni siquiera tienes que invitarle a gritos. Una vez, y ya está.
Que Charlie Sheen sea seropositivo no sorprende demasiado, es cierto, porque todos conocemos la fama de Charlie Sheen. Por eso te decía que Charlie Sheen es el peor enemigo de Charlie Sheen, porque si el que hubiera confesado que tiene VIH fuera cualquier otro actor más conocido por su carrera artística que por sus juergas salvajes probablemente nadie estaría diciendo cosas como «se lo ha buscado él solito«. Y exactamente ¿qué es lo que se ha buscado?
Esta mañana en esta web he leído un comentario que me ha parecido lo más inteligente que alguien ha dicho sobre este tema. ¿A un fumador empedernido le tratamos así cuando le detectan un cáncer de pulmón? ¿A una persona que sólo come comida basura y no hace ejercicio le tratamos así cuando sufre una enfermedad cardiovascular? Puede que sí, que a veces les digamos el «se lo ha buscado«. Aunque más bien lo pensamos, no lo decimos. Pero ¿a cuántos famosos hemos visto vapuleados por tener una enfermedad que, en cierta manera, es responsabilidad suya? Porque cuando hablamos del tabaquismo, la drogadicción o el sobrepeso siempre hay cierto tono de condescendencia, incluso de comprensión. Qué mala es la industria tabacalera, qué malas son las drogas, qué mala es la industria del azúcar. Y cuando alguien tiene VIH ¿a quién le echamos la culpa?
Charlie Sheen ha dicho que él no ha puesto la salud de nadie en riesgo. Que desde que tiene el diagnóstico ha usado siempre el preservativo. La misma encuesta que revelaba que el 44% de los hombres gays no tendrían sexo con alguien sabiendo que es seropositivo, también revelaba que el 90% de los hombres seropositivos que respondieron a la encuesta usaban condón con sus polvos ocasionales, mientras que en los hombres negativos ese porcentaje bajaba al 66%. El grupo que más protección necesita es justamente el que menos protección toma. Pero si pasa algo, la culpa es del seropositivo, aunque insista en usar el condón.
Si realmente Charlie Sheen hubiera engañado a alguien para tener sexo sin preservativo diciendo que estaba sano habría cometido un delito, porque en California eso es un delito. Hace mucho tiempo yo mismo escribí un artículo sobre un atleta de universidad que había practicado sexo sin protección, engañando a sus parejas sexuales, sabiendo que era seropositivo y contagiando a varias personas. Ese atleta está en la cárcel, cumpliendo una condena mayor que la de alguien que mata a otro conduciendo borracho. Algunas asociaciones creen que ese tipo de ley no sirve para nada más que para perpetuar el estigma de las personas seropositivas. Y no deja de ser una medida tremendamente paternalista hacia la «víctima», porque como sociedad nos parece más sano obviar que la responsabilidad última sobre nuestra salud la tenemos nosotros y preferimos ver al seropositivo como el culpable. Como a la tabacalera. Como a la Coca-Cola. Como al McDonald’s.
Todo sea por no tener el valor de afrontar que, a veces, cometemos errores.
Puede que lo de Charlie Sheen sea una consecuencia esperada por un comportamiento sexual como el suyo. Pero ni tú ni yo somos nadie para juzgarle. Precisamente tú y yo somos los menos indicados para juzgarle. Porque tanto tú como yo nos creemos personas modernas, medianamente cultas, inteligentes y libres de las ataduras morales que nos impone, por ejemplo, la religión. Y porque tanto tú como yo, ya sea de forma puntual o como forma de vida, somos un poco putas también. Pero aún así, Charlie Sheen «se lo ha buscado«. Y las mujeres que se han acostado con él y no le obligaron a ponerse el preservativo (si es que eso llegó a ocurrir) son pobres víctimas del degenerado de Charlie Sheen.
Cuando tu amigo el que cada finde va a la sauna, te confíe que es seropositivo, espero que le digas que se lo ha buscado. Cuando tu amiga a la que llamas Samantha por la de Sexo en Nueva York, te diga que tiene sífilis, espero que le digas que se lo ha buscado.
El día que te pase a ti, por puta o por casta, espero que tengas la decencia de juzgarte con la misma dureza con la que juzgas a los demás; que tengas las agallas necesarias para decirte «me lo he buscado« y no echarle la culpa al chico tan mono que te llevó a casa aquella noche y al que dejaste que se corriera dentro porque te dijo que estaba sano y además era muy guapo y tenía un pisazo.
Y en ese momento, tal vez, te des cuenta de que el mayor enemigo de Charlie Sheen resulta que no era Charlie Sheen, era tu ignorancia y tu falta de responsabilidad.















