En Estoy Bailando estamos muy pendientes de la gira del momento, el espectáculo audiovisual y multimedia que tiene a todo el mundo en vilo y que está provocando más polémicas que Madonna cantando Like a Virgin mientras es penetrada por un bailarín judío vestido de Jesucristo que es a su vez penetrado por otro bailarín negro y musulmán en un concierto en la Plaza Roja de Moscú: el Ébola World Tour.
Desde que se supo que el ébola abandonaba su continente de origen para darse una vuelta por el mundo y mostrar su arte a todos los habitantes del planeta (quisieran ellos o no) son muchos los que han pretendido vender supuestas historias con él, aunque al final todo eran burdos intentos de llamar la atención como las ex-novias de Alberto Isla en un Sálvame Deluxe.
La última en apuntarse a la moda de haber estado liada con el ébola ha sido Tori Spelling, la sempiterna Donna de Sensación de Vivir. Y digo «sempiterna» porque por más que lo ha intentado la tía no ha conseguido hacer otra cosa para quitarse ese papel de encima; y no será por no haberlo tenido fácil, que su padre era dueño de medio Hollywood y parte de Matalascañas.
No, no es el muñeco de cera de Tori Spelling. Es Tori Spelling.
Tori Spelling estaba en la cama de su casa sufriendo como Geno, con más tos que una fumadora pasiva en plena convención de camioneras y más caliente (por la fiebre, se entiende) que el sofá de Chelo García Cortés. Por más billetes de 50 dólares que Tori le ofrecía a su organismo, no había manera de que hiciera lo que ella quería; y abrumada al comprobar que la solución a todos sus problemas no funcionaba, decidió acudir al Cedars Sinai de Los Ángeles y provocar el pánico.
Fiebre, tos y espasmos oculares a lo Marujita Díaz.
El Cedars Sinai (que saltó a la fama por ser el hospital que salía en la película Volcano, que era una mierda y no pinta nada en este artículo pero me apetecía decirlo) activó rápidamente las medidas pertinentes para poner a Tori en cuarententa porque los síntomas cuadraban con los de una ex de Alberto Isla los asistentes a las performances del ébola.
René Russo analizando cosas en Estallido
(Es que nos hace gracia que con cada operación Tori parezca más una versión inflable de René René)
Tras pasar unas horas aislada del mundo (que es como debería haber estado toda su vida, por cierto) con varios doctores más protegidos que Ana Mato comprando en un LiDL, los médicos se marcaron un Conchita la Poligrafista y dejaron claro que Tori no estaba infectada de ébola ni nada por el estilo. Que lo que tenía era una bronquitis y una sinusitis.
Con la ilusión que nos hacía ver dentro de unos años en El Valor de las Mujeres el telefilm: «Contagio Mortal – Tori Spelling: Mi lucha contra el ébola«.
Moraleja: por más que te operes la nariz, la sinusitis no perdona.
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