No hay constancia del momento exacto en el que ese sonrojante mantra de “Tengo grandes amigos gays” se convirtió en frase recurrente de muchos heteros “progres” que así se sentían unos “tíos y tías de puta madre”, pero el ánimo discriminatorio hacia quienes se hallan fuera del círculo de la heterosexualidad subsiste aún agazapado tras esa mascarada de buenas intenciones.
Para muchos “un amigo gay” representa una categoría aparte dentro de su grupo de amistades. ¿Por qué, sino, complementan la significación de “amigo” con el matiz de que es gay? ¿Acaso hacen una primera referencia a una amistad informando a otro de que dicha persona tiene los ojos castaños o que es zurdo? La catalogación como gay, implica para esos amigos heteros un valor añadido como el IVA y diferenciador que los coloca ante ellos mismos y su entorno como generosos aceptadores de “lo distinto”.
De igual modo que distinguimos entre la Tena Lady y la Tena Men contraponiendo la lluvia dorada de raja y la de rabo, podemos realizar una muy general división entre hombres y mujeres heteros en relación a cómo viven tan grandes amistades gays.
En la heterosexualidad masculina tenemos a:
- El Hombre Paternal o de espíritu fraterno para quien el amigo gay es una nenaza cuya protección se ha impuesto como noble macho.
- El Hombre que ve reafirmada su virilidad hetero al demostrarle al mundo que es capaz de tratar cordialmente a un gay sin caer en la tentación bujarra.
Toca..toca…que soy muy macho y no caigo en tentación gay
- El Hombre calienta pollas que coquetea con la bisexualidad, complacido de enamorar a su amigo gay pero siempre marcándole límites. En caso de consumar sexualmente la faena seductora, no tendrá luego ningún recato en minimizar su importancia o simplemente echarle la culpa al alcohol o las drogas.
¡Joder! ¡Que ya no estoy «borracho»!
- El Hombre que quiere mostrarse como heterosexual de mente abierta presumiendo de que tiene amigos gays “normales” con los que se puede ir a todas partes e incluso ver un partido de fútbol (¡!)
Mariconeando con mi gran amigo gay
En la heterosexualidad femenina (no se incluyen las mariliendres, raza aparte) podemos hacer la siguiente clasificación:
- La Mujer Maternal o de espíritu fraterno que cobija al amigo gay como a un ser desamparado a quien proteger del mundo.
- La Mujer que busca en su amigo gay a una mejor amiga con rabo con la que no tiene que entrar en competencia femenina frente al macho (teóricamente). Estas son felices compartiendo con sus “perris” la Epilady o el consolador Swarovski de imitación.
- La Mujer que sin sentirse una “cura” para el mariconeo de su gran amigo gusta de jugar con él al juego de la hembra caliente y magreadora, en público o en privado, sabiendo que la integridad de su
parrúsvagina está asegurada.
Más allá de estas consideraciones generales y ya centrados en el artisteo patrio, es cierto que desde aquellos lejanos tiempos en los que las folclóricas empezaron a hacer referencias públicas a sus queridas “niñas de pelo corto” (a esos “mariquitas tan graciosos” que las idolatraban y que en sus fiestas se ponían sus pelucas y trajes de faralaes para divertir al personal) no ha habido década en la que las llamadas divas gays no hayan hecho exhibición de la fraternidad homosexual que las une a sus fans entonando el consabido mantra de: “Tengo grandes amigos gays.”
Mis «niñas de pelo corto» me enloquecen
Es indiferente que la diva en cuestión grite como una becerra al cantar o que sea rubia de arriba y morena de abajo… En vez de dejar que sean sus actitudes ante la vida o su profesión las que hablen por sí solas de los talantes que gastan frente a “lo gay”, se ven empujadas a subrayar lo que debería ser evidente, y en cualquier caso…Nena, ¿no puede ser que en verdad pienses que tu gran amigo gay es “cool” porque no es como los otros maricones…? Es peligroso tomar la parte por el todo… sobre todo si la parte es tres cuartos y mitad del macho en cuestión….
















