Artículo escrito por Otto Mas
Empezamos, amigas, nuestra andadura en Estoy Bailando, haciendo amigos, como dios manda.
Creo que la mayoría de los presentes tenemos ya el culo pelado en el mundo 2.0 o, al menos, con alguna llaga que otra, y estamos hartos ya de esa especie de democratización del fenómeno fan que no va a ninguna parte, pero bueno, cada cual que haga lo que se le ponga y que cada cual se haga fans de quien se le ponga en la punta del nardo. Esta última frase tenédmela presente mientras leéis lo que viene, que luego os ponéis muy intensas con el rollito ese que denomináis hater y no es más que troleo en general.
Dicho esto, ¿a quién coño se le ocurre hacerse una página fan en Facebook de uno mismo? ¿En serio? ¿Really? Vale que hayas hecho un curso de DJ y que te hayas bajado el Virtual DJ para tu nuevo Mac, que pinches en las fiestas de los amigos, los cumpleaños y algún bar de segunda, pero, nena, ir de DJ internacional, por el mundo sin ser uno nada de eso, no, y menos con fan page en Facebook. Que no.

Vale que los haya que se creen fotógrafos profesionales porque se han comprado de oferta en Amazon una réflex de gama baja a precio popular y nos salgan unos paisajes preciosos, pero ya eso de voy a fotografiar a mis amigos cuerposcombrosos en pelotas poniendo en automático la cámara y encima haciéndote una fan page, no, amiga, no, por mucho que tus colegas 2.0 pajilleros lo vean súpersessi. Súper no. Vamos, que peor que el fenómeno DJ. De hecho, conozco profesionales de verdad, famosos en esto de la fotografía, como Valero Rioja, que ni se les ocurre la idea de hacerse un fan page.
Vale que tengas un blog, o una bloga, como es mi caso, y te pongas a decir tonterías y la gente te las ría, te anime y sean muy fanses tuyas, pero por ser bloguera de mierda una no tiene más criterio si no argumentas o te explicas, y menos aún por creer que vas a descubrir América y que deberías tener una sección en el Huffington o en el New York Times. Esto va muy dedicado a las blogueras de la moda, que siempre están ahí, perdonándote la vida porque escribes Chanel o Galliano mal y siempre con que si McQueen era un genio cuando, con ese nombre, uno sólo piensa en un actor, porque la alta costura te la suda. Y encima se hacen fan page. Mega súper no. Con focos y todo. Un no en plan Inma Cuesta, con bien de Photoshop.
Pero ya cuando simplemente en la vida no has hecho mucho más que ser conocidillo porque en Instagram te dan muchos corazones, que no tienes más mérito que salir mucho por la noche madrileña (iba a poner /barcelonesa, pero no sé… no me he atrevido), el haberte mazao e ir de atleta (ojo, como hacemos otras, eh?), hablar de noticias de 1998 y chivarte de los demás y poca cosa más, por mucho que vayas de profesional, mira, eso con una fan page personal sí que es un absoluto quién-es-esa-chica-Nube-súper-trooper NO. Sinceramente. Si los anteriores casos son muy patéticos, este caso es ya el no va más de buscarse un terapeuta. En serio. Y mira que lo digo por gente que me cae bien, les tengo aprecio y tal en mis redes sociales, ¿eh? pero justamente, si me cayesen mal directamente los ignoraría… y aquí tratamos de ahorrarles un ridiculazo del tamaño de El traje nuevo del emperador, que ahora debería llamarse La fan page de Facebook de Pepito Jiménez.
Y ahora es cuando llegan toooodos esos fanses de estas personas y empiezan con ese coñazo de discurso absurdo tan ibérico de «Claro, la Otto esta lo dice porque tiene envidia», «¿Pues al Otto este qué le importará, al muy retrasado? Que la gente haga lo que le dé la gana», y yo tengo que contestar que qué tendrá que ver la envidia con todo esto, si cuando uno envidia a alguien es porque quiere ser como él o tener lo que tiene él, o sea, admirarlo de alguna manera, no criticarlo. ¿Criticar por envidia? Eso es como decir que vas a cagar porque tienes hambre. El argumento definitivo, vamos. Y respecto a lo que a mi me importe o no, me remito a la frase del primer párrafo: que cada cual haga lo que le salga de su nardo toledano, pero sin que a los demás no se nos caiga la cara de vergüenza ajena, tías.
Y ahora vas y lo cascas y encima sueltas que soy una polemista sin ser yo nada de eso…
Y límpiate.














