Es algo que todos sabemos: a la Iglesia Católica le caemos mal y le encanta decir que las personas LGTB+ somos unos desviados, que vamos a ir al infierno, que los «progres» representamos la cultura de la muerte (?), que nuestra bandera la diseñó Satán (sí, en serio)… Y que, por supuesto, que no hay curas gays.
Todo eso mientras ocultan los infinitos casos de pederastia dentro de la Iglesia, claro.

Pero, ¿a que no sabías que Jesucristo era LGTBfriendly?
En realidad no es ninguna sorpresa. Porque si no, ¿qué hacía tanto tiempo viajando por ahí con doce señores? Nah, es bromi. Viajar con señores no te vuelve gay. Y es que no vamos a hablar de la supuesta homosexualidad de Jesucristo (aunque hay muchos historiadores que están convencidos de que era gay), sino de algo que contradice las continuas condenas a la homosexualidad por parte de la Iglesia Católica.

Si revisamos la Biblia (el Nuevo Testamento, si revisas el Antiguo comprobarás que todos estamos condenados) veremos que no hay un solo pasaje en el que se relate ningún comportamiento homófobo por parte de Jesús. No hay ninguna persona condenada a los infiernos por ser LGTB+ ni hay ningún tipo de homofobia. Lo que sí podemos encontrar, tanto en el evangelio de Mateo como en el de Lucas, es la conocida historia del centurión y su joven esclavo enfermo… Que, obviamente mantenían una relación homosexual.
Y a Jesús le parecía genial.

¿Pero qué te estamos contando? No te preocupes, que te lo explicamos.
La historia era así: al entrar en Cafarnaún un centurión se acercó a Jesús diciéndole que un sirviente muy querido para él estaba enfermo y sufría mucho. Yisus le dijo que iría a su casa y el centurión dijo aquella famosa frase de «No soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarle«. Jesús se quedó flipando ante tanta fe. Según él, el Centurión la tenía más grande que todo Israel (la fe). Más incluso que sus discípulos o la Virgen María. Así que sanó a su churri a distancia con sus superpoderes metahumanos.

El caso es que el centurión se refiere a su sirviente utilizando el vocablo griego «pais», una palabra que se solía utilizar para la pareja más joven en una relación del mismo sexo. Por lo general, se traduce como «muchacho», «siervo» o «esclavo»; pero en los últimos años los estudiosos de la Biblia progresistas han llegado a la conclusión de que el centurión mantenía una relación homosexual con su joven esclavo. De hecho, según Mateo, el Centurión se refiere a sus otros esclavos utilizando el vocablo «doulos» (que puede traducirse como «sirviente», «siervo» o «esclavo»); y no como «pais». ¿Qué paisa, nen?
Pero no es solo el uso de la palabra «pais». Es que, como hecho histórico, es muy poco probable que a un militar le preocupara tanto la enfermedad de un esclavo corriente. No se habría tomado la molestia de abandonar sus obligaciones militares para ir a ver a Jesús solo por un simple sirviente, eso está claro. Y, después de todo, en la cultura grecorromana era muy habitual que los hombres maduros tuvieran una relación afectiva con un joven. Algo que, evidentemente, a Yisus le parecía maravilloso.

Pero hay una tercera razón que parece confirmar que, efectivamente, Jesús era más LGTBfriendly que El Corte Inglés en pleno Orgullo. Y esa razón es la famosa frase: «No soy digno de que entres en mi casa».

Si los enfermos siempre iban a que Jesús los tocara para sanarlos… Y, si no eran capaces, eran sus familiares los que iban a pedirle al Mesías que acudiera a sus casas… Es decir, si Jesús estaba acostumbrado a visitar a la gente como una vendedora de AVON… ¿Por qué no iba a visitar la casa del Centurión? ¿Por qué éste no se creía digno? La razón es sencilla: los judíos rechazaban la práctica de la homosexualidad, así que le avergonzaba llevar a Jesús a la casa donde convivía con su amante.
Pero a Yisus, por supuesto, esto le daba igual, así que lo curó a distancia y chimpún.

Así que ya sabéis, amigas: si alguna vez alguien os viene alguien con la milonga de que la Biblia condena la homosexualidad… le contáis la historia del Centurión y su esclavo.
Regocijaos, pues el Señor está con vosotros.
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