• El que fue primer ministro italiano se presenta de nuevo a las elecciones y propone, entre otras cosas, modificar la actual ley de uniones civiles que está abierta a parejas del mismo sexo.

No solemos hablar mucho de política italiana, porque para psicotronia ya tenemos suficiente con la de aquí y, porque sinceramente, los líos que tienen en Italia son tan culebronescos que acabamos siempre con la sensación de no entender nada. Y seguramente a la mayoría de los que viven allí les pasa lo mismo.

En cualquier caso, sabréis que dentro de poco se van a celebrar elecciones en Italia otra vez más. Y nosotras nos hemos quedado patidifusas cuando nos ha llegado esta noticia a la redacción y de repente nos hemos sentido como si estuviéramos a punto de escribir un artículo sobre lo último que había dicho Juan Pablo II para ir luego al cine a ver Perdona bonita, pero Lucas me quería a mi. Después nos dimos cuenta de que todo estaba empezando a oler muy fuerte como a los años 90  y era porque Silvio Berlusconi, el que fue primer ministro(*) eterno de Italia, se presenta de nuevo como candidato con su partido Forza Italia.

Han venido los años 90 y nos han dejado a este señor en la puerta

También recordaréis que después de otra discusión nacional que no acababa nunca y que dejó bajo mínimos todos los contenedores de argumentos homófobos, el país aprobó hace poco lo que ellos llaman la ley Cirinnà, una ley de uniones civiles que, aunque está abierta a parejas del mismo sexo, en realidad no dejó contento a nadie. Por un lado porque ya sabemos que a los homófobos no les parece bien ningún tipo de avance, y por otro lado porque los maricas y bolleras italianos e italianas se tuvieron que contentar con una ley que les permitía casarse, o más bien, unirse, de una manera distinta tanto en las formas (lo suyo no se llama matrimonio) como en el contenido (con bastantes diferencias discriminatorias respecto al matrimonio al que pueden acceder los heterosexuales). Vamos, un desastre.

Y ahora, cuando pensábamos que éste era un tema del que nadie iba a hablar más, las uniones civiles han vuelto a formar parte del debate electoral. La candidata de Forza Italia Eugenia Rocella se vino arriba en el Family Day (una de esas reuniones-aquelarres de señores homófobos) y prometió que si llegaban al poder pelearía para abolir o cambiar profundamente todas las leyes aprobadas por la izquierda que dañaban fuertemente a la familia.

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Aunque en realidad nadie se tomó demasiado en serio a esta señora, la ex-política y activista Vladimir Luxuria consiguió que Mara Carfagna, vocera parlamentaria de Forza Italia, asegurara en Twitter que no tenían intención de modificar la ley Cirinnà:

Pregunto a @mara_carfagna si está de acuerdo con la propuesta de Eugenia Roccella de abolir la ley de #UnionesCiviles, que usted también votó. Gracias.

De ninguna manera. Es su opinión personal, que no comparto y no forma parte del programa de centro-derecha. ¿Vamos hacia atrás, como los cangrejos?

Después de esta respuesta de Carfagna parecía que podíamos respirar tranquilos. Sin embargo Berlusconi, que dice que se presenta para ganar y presidir de nuevo el consejo de ministros(*), también entró al trapo. Aunque está centrando su campaña en temas económicos, cuando le preguntaron sobre temas sociales y las uniones civiles dijo que habría cambios en la ley y que “esto no significa necesariamente volver a la situación anterior; significa, en lo que se refiere a las uniones civiles, definir claramente la función social del matrimonio entre hombres y mujeres, orientada a la procreación y educación de los hijos.

Así que parece que realmente que le tienen algo de ganas a la ley Cirinnà y dejar todavía más claro que por un lado están los heteros, que se casan para tener hijos (en Italia no existe la adopción homoparental), y luego los maricones que hacen otra cosa con otro nombre y que no vale lo mismo. Si nos tomamos en serio sus palabras excluirían del matrimonio incluso a las parejas heterosexuales que no pueden o no quieren por las razones que sean tener hijos.

Este interés por defender el matrimonio en su forma más tradicional nos sorprende bastante viniendo de una persona como él que, como ya sabemos, tiene unas ideas muy laxas sobre cómo combinar sexo y moral católica. Hace bastante poco, cuando en Italia se estaba debatiendo la aprobación de las uniones civiles, se mostraba de lo más abierto si lo comparamos con otros políticos de derechas:

Quella per i diritti civili degli omosessuali è una battaglia che in un Paese davvero moderno e democratico dovrebbe…

Posted by Silvio Berlusconi on Sunday, June 29, 2014

La lucha por los derechos civiles de los homosexuales es una batalla que en un país verdaderamente moderno y democrático debe ser un compromiso de todos.
Como liberal, creo que mediante un debate amplio y profundo podemos alcanzar un objetivo razonable de justicia y civilización.

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Un discurso completamente diferente y mucho más gayfriendly, aunque ya sabemos que no podemos esperar mucha coherencia de este tipo de personajes. Y menos en tiempo de elecciones.

Lo más probable es que ni siquiera haya cambiado radicalmente de opinión en este tiempo. Tristemente, el candidato de Forza Italia sabe que en países como el suyo la homofobia vende y que le sirve para arañar algún voto entre el sector del público al que dirige su mensaje. Un poco más a la derecha pero más o menos en el mismo segmento de voto tiene, por ejemplo, la competencia de Fratelli d’Italia, un partido con un discurso mucho más agresivo sobre la necesidad de defender la familia tradicional, aunque lo defiende una señora soltera que vive sin estar casada con su pareja. Nuevamente, la coherencia no la llevan demasiado bien…

En todo caso, parece bastante claro que no se puede esperar ningún avance ni mejora para el colectivo LGTB+ si estos señores ganan las próximas elecciones del 4 de marzo.

Fuente | Il Giornale

(*) Antes de que os pongáis tiquismiquis: Sabemos que técnicamente Berlusconi fue presidente del consejo de ministros, no PM. Que no es lo mismo, pero es de un parecido que espanta.
Sí, lo hemos mirado en la Wikipedia.  Como hasta la propia prensa italiana usa (incorrectamente) la palabra premier todo el rato y no pasa nada, pues mira…  primer ministro y todos tan contentos.

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