Desde que ayer saltó la noticia de que Ana Botella no se presentará a las elecciones municipales del año que viene en la redacción estamos llorando desconsoladas sin saber qué va a ser de nuestras vidas.
Sí, has leído bien: esto es un DRAMA MAYÚSCULO.
RECREACIÓN: LittleBab en estos momentos
Antes de explicaros por qué es un drama y por qué no somos la única redacción mariconcil desolada por los acontecimientos, vamos a aclarar una cosa al resto de prensa que se presupone seria. Ayer todo el mundo titulaba «Ana Botella no se presentará a la reelección» y eso es erróneo. El paso de Ana Botella por la alcaldía de Madrid ha sido como el de una ladilla por tu pubis: apareció un día por un descuido y por más que intentaras librarte de ella sólo se ha ido cuando le ha dado la gana. Para poder reelegir a alguien primero hay que elegirla, y a ella no la ha elegido nadie ni para jugar un partidillo de fútbol en el patio del colegio.
FLASHBACK: Ana Botella en sus tiempos mozos viendo jugar a sus amigos sin ella
Pero a nosotros eso nos parecía fenomenal: no hay nada más total que dominar el mundo (o una ciudad, al menos) sin que nadie te lo haya pedido. Es como cuando juegas al Sim City y los concejales del ayuntamiento empiezan a quejarse de que si has subido los impuestos, que si has bajado los impuestos, que si no llegamos a fin de mes… y tú piensas «¿y a mí qué me cuentas? ¡Yo sólo quiero lanzar ovnis y terremotos!«. De hecho ésa es nuestra intención con esta web: controlar el mundo mariconcil para luego lanzaros unos disturbios, una tormenta o una invasión de chonis murcianas.
RECREACIÓN: Lo que Ana Botella le ha hecho a Madrid
Es posible que Ana Botella pase a la historia como la peor alcaldesa no ya de la ciudad de Madrid sino del mundo entero. Pocas mandatarias han mostrado tal nivel de ineptitud gestionando crisis como la de la huelga de basuras o han conseguido sumir su ciudad en un caos absoluto debido a su bipolaridad política y social. Además ha mostrado una falta de respeto absoluta por la vida de sus ciudadanos (sí, los que no la votaron nunca) yéndose de fin de semana de relax durante la tragedia del Madrid Arena o mostrando la indiferencia más absoluta cada vez que una rama de un árbol mataba a alguien.
Que esto es muy fuerte, maricón; que a la Botella sólo le ha faltado culpar a los pobres transeúntes de haber provocado a los árboles para que les tiraran una rama a la cabeza.
RECREACIÓN: Los árboles de Madrid según el Ayuntamiento
Pero si por algo conocemos nosotros a Ana Botella es por su divertidísima forma de tratar de ocultar la homofobia que le corroe por dentro. La Legionaria de Cristo, que ya nos había comparado con peras y manzanas en una suerte de metáfora transgénica que no entendió ni la única neurona que aún le funciona en el cerebro, ha sido la alcaldesa que casi se carga el Orgullo de Madrid. Ella (y su equipo, claro, que esto es España y a un inepto le siguen otros tantos) ha sido la que ha ido prohibiendo escenarios en las fiestas del Orgullo del barrio de Chueca; ella es la que prohibió a la manifestación pasar por la Gran Vía por motivos de seguridad (y luego fue incapaz de evitar que la gente la invadiera aunque no estuviera cortada y hubiera coches circulando).
Un montón de hijos de puta invadiendo la Gran Vía
Y ella es la que se fue a dar una charla por Europa sobre lo guay que es el turismo gay, aunque luego no lo quiera ver ni en pintura.
Por todo eso (y mucho más) las lágrimas por su partida recorren nuestras mejillas como la sangre recorre la pierna de una numeraria del Opus que se ha olvidado de quitarse el cilicio. Y es que si Ana Botella se pira ¿a quién le vamos a echar la culpa de todo? Y no es que la usáramos de chivo expiatorio como el PP usa a Zapatero cada vez que algo les sale mal, es que realmente culpar a Ana Botella de todo era muy fácil porque ¡era culpa suya!
¿Que el metro tardaba 40 minutos en llegar? La culpa era de Ana Botella. ¿Que te tiraban un café con leche hirviendo por encima y tú no estabas nada relaxing? La culpa era de Ana Botella. ¿Que era imposible usar el 3G en Callao un domingo por la tarde? La culpa era de Ana Botella.
Pero ¿y ahora qué? Tendremos que pensar y analizar las cosas para saber a quién cargarle el muerto porque ya no será tan fácil. O sí, porque si (como se rumorea) la candidata a la alcaldía es Esperanza Aguirre, Soraya Sáenz de Santamaría o Cristina Cifuentes nos da que la cosa no va a cambiar demasiado y será un gustazo descubrir que podemos mantener los vicios y manías de tanto tiempo porque va a seguir siendo todo igual de desastre.
Aunque nuestra verdadera duda (y el verdadero drama) viene cuando, barriendo para casa, nos paramos a pensar qué será ahora de todos los empresarios LGTB que se habían hecho amiguitos de la Botella. Sí, sí; que aunque no te lo creas la Botella no tenía un problema con los gays, tenía un problema con los gays que no eran empresarios. ¿Seguirá Esperanza Aguirre diciendo que el Orgullo no cabe en la Gran Vía? ¿Sabrá Soraya Sáenz lo que es el Orgullo? ¿Y la Cifuentes? Porque después de la pelea entre el Ayuntamiento y la Delegación a cuenta de la manifestación del último Orgullo está claro que no era muy partidaria de la visión de Anita sobre el tema.
Claro que todo esto que te estoy contando puede quedarse en papel mojado porque vete a saber, lo mismo las próximas municipales no las gana el PP.
Oye, cosas más raras se han visto.
Y ahora, un gif que nunca antes ha estado más justificado:













