Hipólito Jarama, reputado dentista médico estomatólogo sufre un accidente de moto y desde entonces sueña con extraños personajes; todos ellos con rostro conocido pero con papeles diferentes. Por una serie de coincidencias, Hipólito se convence de que sus sueños son premonitorios y que es capaz de adivinar el futuro. El problema es que en uno de esos sueños ve a su mujer besándose con otro hombre. Y no con un hombre cualquiera, sino con un protésico dental.
Veinte años después de su estreno, vuelve a la cartelera esta disparatada comedia cargada de surrealismo donde se analizan las relaciones de pareja, sus celos, sus miedos y su inevitable monotonía. Y tras un primer cuarto de hora bastante desconcertante, el espectador comienza a entrar en el juego planteado. Un juego donde el mundo onírico y la realidad se mezclan con el vodevil y la reflexión.
A pesar de la antigüedad del texto, su argumento sigue completamente vigente gracias a la atemporalidad de los temas que trata. ¿Quién no se ha puesto neurótico al pensar que su pareja le puede estar poniendo los cuernos? No, no vengas a decir que tú no, que nos hemos visto en el cuarto oscuro conocemos. ¿A quién no le ha entrado alguna vez un ataque de celos? ¿Quién no se ha convencido alguna vez de algo y no ha parado de retorcer la realidad hasta llegar a la conclusión de que se estaba en lo cierto desde el principio? Je, seguro que esto último te recuerda a tu ex ¿verdad?
Si es que en el fondo todas somos unas neuróticas. Al final terminaremos yéndonos a Dakota nosotras también.
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