Los obispos de Alcalá de Henares y de Getafe vuelven a la carga. Tras la pastoral transfóbica del mes de marzo hoy cargan contra la ley madrileña para combatir la LGTBIfobia. Y ya que ellos se han tomado la molestia de escribirnos unas palabras (bastantes absurdas por cierto), yo me tomo unos minutos para contestarles. Aunque sea por encima.
Queridos obispos:
Muy calladitos estaban estaban ustedes… Tanto que casi les echaba de menos. Bueno, tanto no. No nos pasemos. Deben aburrirse mucho en sus iglesias y tener pocas cosas que hacer para andar entrometiéndose en las vidas de los demás constantemente. Y ahora, me han «sorprendido» con una nota llamada Tiempo de sanación, no de lamentaciones en la que atacan sin piedad, pero «con mucho respeto» la ley aprobada hace unas semanas.
En su escrito, definen la ley como «un ataque a la libertad religiosa y de conciencia», como si se les hubiera prohibido ir a misa, y consideran que es un ataque a los derechos de los padres a educar a sus hijos en sus propias creencias. Supongo que ustedes, que escriben desde el respeto, no tienen ningún problema en que un padre racista enseñe a sus hijos que los negros son una raza inferior y que no deben tener los mismos derechos que los blancos, o de otra manera, se estaría atacando su derecho a educar como les dé la gana.
Prosigue el escrito hablando de «un atentado a la libertad de expresión, a la libertad de cátedra, a la libertad de los científicos y profesionales en la búsqueda de la verdad, y a la libertad de las personas para orientar su vida o para pedir ayuda, incluso religiosa, en aquello que crean necesitar». Vamos, que se han quedado a gusto escribiendo. Creo necesario recordarles una vez más que a ustedes les encanta vestir con faldas. Y a parte de eso, también conviene recordar que la libertad de expresión y de cátedra no lo ampara todo. Respecto a la búsqueda de la verdad y la ciencia, la Iglesia tiene mucho que decir sobre cómo ha tratado a los científicos a lo largo de la historia. Ustedes que son hombres cultos, no necesitarán que les ponga ningún ejemplo. Por cierto, nada impide que alguien busque ayude en la Iglesia, lo que se prohíbe es que señores con cerebro del medievo hagan daño a alguien que se necesita ayuda. O que «haya sido llevado» para que le ayuden. ¿Ven ustedes la diferencia? Tanto latín y tanta filología clásica y resulta que hay que explicarles las cosas así, como para tontos, pero con respeto.
Hablan ustedes de educación, de misericordia, de luchar contra el mal y de la curación a través de Cristo. ¿Curación? ¿Luchar contra el mal? Creo que el subconsciente les ha traicionado y se mueren de ganas por exorcizar maricones. El único mal contra el que hay que luchar es la intolerancia, el del abuso al más débil, el del hipócrita que sabiendo que difunde mentiras que parecen verdades. En definitiva, el mal es aquello que disfrazándose de amor y comprensión destila odio.
Pero ¿saben qué? Se están quedando solos. Muy solos. La gente deja de seguirles, ya no interesan. Nadie quiere escuchar a hipócrtitas en un púlpito, que ya bastante tenemos con los políticos. Por cierto, estaría bien que se presentaran a unas elecciones y ver cuántos votos consiguen.
Besis.
littlebab











