Rosa (Eva Isanta), responsable de Personal RR.HH.; Eduardo (Mauricio Bautista), director de la sucursal y Adolfo (Víctor Palmero), un joven mensajero son los protagonistas de esta historia que se desarrolla en una oficina bancaria. Más bien, en la cámara de seguridad de la misma, ya que un atracador ha entrado y los tres han podido refugiarse allí. Vamos, como si entraran a robar en tu dicoteca de los sábados y fueras corriendo a esconderte al cuarto oscuro.

En una situación tan complicada, las erecciones emociones son difíciles de esconder y se producen confrontaciones entre los tres. Rosa lo analiza y controla todo, Eduardo está obsesionado con un encontrar un expediente que nadie sabe qué contiene y Adolfo, simplemente se limita a aguantar el tirón.
Mediante flashbacks, se nos irá desvelando que no todo es lo que parece. Que algunos ya se conocían de antes. O que podrían haberse conocido. O qué hubiera sucedido si se hubieran conocido. Maricón, nos da igual. ¿Por qué? Porque el resultado es un desastre: el texto facilón (y para que nosotras digamos que algo facilón no nos gusta…), situaciones que dan vergüenza ajena y planteamientos absurdos terminan por aburrir a cualquiera y a llevarle a exclamar:

Para rematar, el único sketch realmente divertido, en el que se juega con la sexualidad de Adolfo, que interpreta a un chapero gigoló escort que resulta ser gay (se escuchan las notificaciones de Grindr mientras está con su cliente) está plagiado importado de Clímax, otra función del mismo autor, Alejandro Melero. Ya te vale Alejandrito… Que una cosa es una referencia y otra es llevarte DIEZ MINUTOS ÍNTEGROS de una función a otra.
Eso sí, Aprovechamos para recomendarte Clímax, también en el Teatro Alfil y que es infinitamente mejor que Atrapados: una buena comedia en formato de sketchs y con risas garantizadas.










