Las maricas solteras y despechadas (como yo) morimos de envidia cuando nos enteramos de que alguna pareja gay se casa. Y si es pareja de famosos, con más motivo aún. Porque yo quiero que me lleven al altar y me organicen un bodorrio de escándalo, con prensa, exclusiva para el ¡Hola! la Shangay, muchos invitados y un viaje de novios alrededor del mundo. Quiero un famoso gay soltero para mí, pero cada vez quedan menos.
Y es que Alejandro Amenábar deja de estar en el mercado: en 2015 se casa con su churri.
¿Y quién es el futuro marido de Alejandro Amenábar? Pues un desconocido cualquiera que conoció en Grindr en la sauna de cruising en el Retiro vete tú a saber dónde. Sabemos que David (el novio, no yo) tiene 26 años, está finalizando sus estudios de Economía en una universidad pública madrileña y trabaja para una empresa naval española. Todo un partidazo. Y aunque llevan ya cinco años como pareja, no se han dejado ver demasiado en eventos públicos. De hecho, conocimos a David gracias al reality insufrible Alaska y Mario que emitía la MTV hasta que los echaron se fueron de la TDT.
La pareja vive en el ático que tiene Alejandro Amenábar en la Plaza de España de Madrid con vistas al palacio de Oriente, vistas que no siempre se disfrutan porque Amenábar (como la Kidman en Los Otros) siempre las tiene cerradas y como a David le dé por lavarlas se pasea por la casa al grito de «¡¡LAS CORTINAS!! ¡¡¡LAS CORTINAAAAAAASSSSSSS!!«. Bueno, probablemente eso no ocurra, pero nos hace ilusión imaginárnoslo.
RECREACIÓN: Alejandro esperando a que David vuelva de la facultad
El director asegura que está muy enamorado de David porque es «un chico súper simpático, alegre y muy inteligente«. Y bueno, lo de que tenga un buen polvo sea tan guapo seguro que también ayuda.
Nosotros creemos en el amor. Por supuesto. Y aunque Alejandro tenga 42 años y David 26 (¡OLE TÚ!, Amenábar, que diría la odiosa Lucía de GH15) tenemos claro que el amor no tiene edad los 16 años que les separan no son nada. Porque eso sólo nos importa a harpías como nosotras, que tenemos el corazón congelado y el alma negra como el carbón.
A pesar de ello, felicitamos a la pareja y les deseamos toda la felicidad del mundo. Voy a sentarme en mi despacho, a esperar la invitación a la boda.
O a la playa.
¡Que vivan los novios!
Espero que nos llegue una invitación a la boda en 2015 o al menos nos acreditan para cubrir el evento y relacionarnos con la jet set más marijose de nuestro país.













