Amor, pasión, celos, mariliendres y un chulazo. Puede parecerte cotidiano, pero todo es diferente «En La Capital»
[divider]Showtime! | Teatro[/divider]
Una pareja gay (compuesta por Ángel, marica-maruja y Manu, marica-cultureta), cuyos miembros (ejem) llevan un tiempo sin entenderse, conocen a Marc, un chulazo que la da al pelo, a la pluma y a lo que se ponga por delante. En medio, África, una chica hetero con convicción de mariliendre, amiga de la maruja, a la que odia la cultureta y que se lía ad infinitum con el chulazo.

Con estas sencillas bazas arranca esta interesante En la capital, escrita y dirigida por Tomás Cabané, donde la actriz y los actores juegan, como si bailaran, a la peligrosa lotería del amor… o del sexo. La acción la capitaliza la pareja Ángel-Manu, dos chicos en plena crisis amoroso-sexual. Manu, cansado de una relación que considera agobiante, se acuesta con Marc a escondidas de su novio, provocando un desquiciamiento progresivo del personaje y una manía que no se sabe dónde acabará. África, la chica hetero, hace el papel de catalizadora y enlazadora de este lío amoroso a tres y es el espejo y pañuelo de lágrimas a donde irán a parar los personajes masculinos, lo quieran o no.
En esta obra se da eso que llamamos teatro cuerpo a cuerpo, es decir, desaparecida la famosa cuarta pared (más que desparecida, integrada en la acción misma) la función se desarrolla como si tuviera lugar en el salón de tu casa, como si la vida se fundiese con el teatro y todo fuera uno. Así, con esta experiencia física del teatro, el desligamiento con la realidad no existe y el espectador forma parte de la misma representación.

Esto del teatro experimental (en el sentido del modo, la forma y el lugar donde se representa) tiene sus peligros: el primero de ellos es que actrices y actores con poca experiencia (o poco arrojo) puedan dar al traste con la obra; que el público se tome a choteo la representación, especialmente si ve dudas o poca preparación (algo visible si estás en primera línea y que escapa en una representación tradicional, de las de escenario elevado y alejamiento físico del público) y que el tiempo de la acción se diluya en el tiempo real. Nada de esto ocurre en las funciones de En la capital gracias a la briosa dirección de Cabané y el excepcional elenco de actores.

Otra cosa es el texto. Creemos que este sirve aquí como excusa para hacer rodar la acción y para que Inma Garzía, Federico Ortiz, Alejandro Matrán y Pablo Sevilla den vida, con sus acciones y movimientos, a la obra. La escritura, pues, sirve como mero andamiaje para que el cuadro actoral recree unas historias sobre relaciones entre personas que, en realidad, poco tienen de original y mucho de universal: ¿hasta cuándo dura el amor?, ¿es el deseo sexual irreprimible?, ¿vale todo cuando eres joven?

Todos necesitamos amor y aventura, como dirían los Human League, y eso significa que o eliges el amor (que conlleva, no nos engañemos, a una estandarización de la relación, con todo lo que ello significa) o la aventura, con sus dosis de pasión pero que puede llevarnos al vacío. Parece que estos chicos y chica de En la capital, en plena veintena, aún no tienen claro nada. Como, quizás, la mayoría de nosotros. Para qué engañarnos.

Antes de acabar, una mención especial a Federico Ortiz, Marc, un importante chulazo de dos metros de músculo que subyugó al respetable.

Al final de la función sortean dos botellas de vino Orgullo Wine, (cabernet sauvignon, oiga) al que se hace referencia a lo largo de la obra, y a este redactor le tocó una. Así que, ¡no se puede salir más contento de la representación!
– ¿Y lo de follar con las manos?
– Vaya usted al teatro y lo entenderá.
FICHA:
En la capital.
TEXTO Y DIRECCIÓN: Tomás Cabané.
REPARTO: Inma Garzía, Alejandro Matrán, Federico Ortiz y Pablo Sevilla. Covers: Jaime Riba y Juan Alfaro.










