Con lo que nos gusta el teatro, ¡cómo no nos va a gustar la danza! Al protagonismo de un escenario, súmale gente guapa y que sabe moverse sobre él. Una fantasía, pero con los ojos abiertos. Eso es Home en La Pensión de las Pulgas. Esta sala que tanto nos gusta del circuito off teatral madrileño ha dado un salto de gigante y le ha abierto sus puertas, nada más y nada menos, que a la Compañía Nacional de Danza. Los dioses del olimpo, los bailarines del cielo bajan a la Tierra y nosotros tenemos la oportunidad de verles y casi tocarles luego no lo hacemos que en realidad somos muy cortados mientras interpretan, respiran, sudan, sonríen y dramatizan para los que vamos a verles. La representación comienza en la misma portería, antes siquiera de entrar en la pensión, allí un chef se pone manos a lo suyo ya hubiera sido yo lo suyo y mientras pica cebolla y bate los huevos se pega unas volteretas y unos quiebros sobre la mesa, por arriba y por abajo, al alrededor,…, él gira que te gira, levantando una pierna, luego la otra, otras veces las dos a la vez, y no se le cae nada… A mi sí, la mandíbula se me cayó, fascinado ante semejante espectáculo.

Ya dentro de la Pensión vemos que el muchacho estaba cocinando una auténtica tortilla de patatas, con la que se paseará en dos de las tres coreografías. La primera comienza como si estuviéramos en un salón de gente de lo más peculiar, estilizada, sensual, estilosa, cada una a lo suyo, hasta que poco a poco aquello se anima y el movimiento coge ritmo hasta quedar únicamente una pareja que nos hacen ver que lo suyo es de una absoluta complementariedad en un derroche de equilibro, flexibilidad y sincronía. Desde allí, una dama con un elegante vestido nos traslada hasta la sala de los espejos para multiplicar el efecto de sus capacidades qué flexibilidad, por Dios con su figura reflejada hasta el infinito. Como pasa en el cine negro con los malos cuando van a disparar, pero esta vez en bonito.

En la última escena, en la sala del fondo ahí donde bien nos gusta lo que parece que va a ser la organización de una cena acaba en una fiesta en la que lo que unos hacen, otros lo deshacen, unos ponen platos, otros quitan vasos. Comienzas con dos bailarines y acabas con siete, todos por todas partes, y el cocinero con la tortilla allí en medio, que se la quieren quitar, y él no se la entrega a nadie por más vueltas que dé. A mí como espectador se me salía el corazón del pecho, ¡casi lloro! ¡Qué bonito, qué bonito, qué bonito! Y porque soy tímido, que si no, me quedo allí a comerme la tortilla y lo que venga con esos chicos -venga, y también con ellas- tan guapos y tan flexibles.

FICHA TÉCNICA
Director: José Carlos Martínez
Coreografías: Agnès López y Elisabet Biosca en colaboración con los bailarines.
Bailarines: Aleix Mañé, Isaac Monllor, Agnès López, Elisabet Bioska, Mar Aguiló Mattia Russo y Antonio de Rosa.
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