Hay algo que nos preocupa desde que empezamos a tener noticias de la masacre de Orlando: que algunas personas y algunos medios de comunicación parecen estar muy interesados en presentarlo como un ataque terrorista (uno más de los muchos que suceden al año, un acto bárbaro de violencia aleatoria e indiscriminada que si tienes mala suerte te puede tocar en cualquier momento y lugar del mundo); otros insisten en que “no está clara la motivación religiosa” del asesino. Y de hecho, casi todos los medios dieron la noticia de que el padre de Omar Mateen había dicho que su hijo (del que, por cierto, ya se ha pasado de decir  que al parecer había tenido amigos gais en el pasado a que probablemente era homosexual)  “no actuaba por motivos religiosos” y que lo hacía porque le ofendía ver a dos hombres besándose.

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Nosotros, si nuestra humilde opinión cuenta algo, lo tenemos muy claro: se trata de un atentado terrorista con una motivación homofóbica, y  precisamente por esa misma razón, por esa misma motivación, se trata de un atentado de inspiración religiosa.  De hecho, el ataque, ejecutado en una discoteca de ambiente, cumple perfectamente con uno de los macabros objetivos del terrorismo, que como su nombre indica, busca aterrorizar a la población. Como dicen en este artículo de GQ,  disparar indiscriminadamente es mucho más sencillo y dolorosamente más efectivo que colocar una bomba  . Y por supuesto, lo más doloroso para nosotros es que haya ocurrido en un local de ambiente. Aunque están desapareciendo y muchos dicen que ya no tienen sentido, seguimos viéndolos como espacios seguros. Por eso duele especialmente que nos hayan atacado en un espacio que deberíamos sentir como nuestra casa; y que al mismo tiempo haya mentes, no sabemos si demasiado retorcidas o muy simples, que no sean capaces de ver que un terrorista no escoge sus objetivos al azar (la aleatoriedad es sólo aparente) y que este estaba claramente escogido, tanto el lugar como la fecha; la elección de las víctimas encaja perfectamente con una de las grandes inquinas personales del asesino, como reconocieron hasta sus más allegados familiares. No ha habido lugar a la aleatoriedad.

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Y ahora ya, por si estáis preparados para sacar los colmillos y aullar, nos da exactamente igual en nombre de qué religión o de qué organización (si es que hay alguna) se haya producido el ataque. Nos da igual porque en realidad es la consecuencia del continuo goteo de sus mensajes de odio, incesante, que cuando hace rebosar el recipiente de mentes enfermas termina en acciones como ésta.  No, Garzón no delira, como dicen los medios de ultraderecha, y sus palmeros acríticos, cuando acusa al heteropatriarcado (NO, no acusa a “los heteros” como dicen muchos idiotas en las redes sociales).

Garzón tiene toda la razón: de este atentado en Orlando es culpable el heteropatriarcado, lo que implica y los dogmas religiosos y sociales que lo sostienen y justifican. Lo que ocurre es que este vocablo, que en realidad no nos gusta demasiado utilizar, para nosotros no representa más que el otro lado de la moneda de un entramado teórico religioso que justifica la “naturalidad” de ciertos modelos familiares, del rol de la mujer, la posición del hombre y por supuesto el machismo y la homofobia. Sin una no existe el otro y a la vez se justifican y fundamentan entre sí, se retroalimentan. Son inseparables y al mismo tiempo son la misma cosa, muy como la Santísima Trinidad, por cierto. Y lo decimos alto a pesar de muchos posicionamientos del feminismo más radical y en auge, que niegan con un incomprensible e injusto odio que los gays suframos las consecuencias del patriarcado (que usan conscientemente sin el precomponente “hetero”, ojito). Si a un gay (e incluso a un hetero) se le exije una supuesta virilidad y roles tradicionalmente masculinos, y se le discrimina por no amoldarse a ello, está también sufriendo las consecuencias del (hetero)patriarcado, queridas radfems.

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Italia aprueba una ley de uniones civiles que no gusta a nadie (porque es una caca)

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En esta web ya se ha hablado muchísimas veces de los continuos ataques de personas  desde una supuesta “autoridad moral” religiosa, que luego repiten como loros los políticos, tertulianos de programas fachillas y una cantidad indeterminada de imbéciles de todo tipo y en todas partes.  No hace falta que busquemos en lejanos países ejemplos esos extremismos, porque los tenemos aquí, en nuestro mundo occidental, bien cerca y en países que consideramos muy parecidos al nuestro: VOX, partido ultra escindido del PP, por ejemplo, ha presentado una denuncia por ofensa a los sentimientos religiosos  a los autores del cartel del Orgullo de Valencia y en la prensa ultra hablan de una “denuncia al lobby gay“.  Un sacerdote siciliano pedía hace poco la pena de muerte para los homosexuales desde su púlpito, o un pastor evangélico que opinaba sobre disparar a los transexuales que utilizasen los baños públicos con los que se identificasen son sólo unos pocos ejemplos recientes que podemos citar .

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No, no se trata de culpar al cristianismo de un acto que cometió un fanático musulmán, ni de desviar el agua del azud para ser benévolos con el Islam y acabar de una u otra manera hablando del cristianismo: se trata de aportar ejemplos cercanos en la cultura occidental en la que vivimos. Ya estamos muy hartitos de esa recurrente acusación: las personas LGTB sensatas no somos condescendientes, ni mucho menos defendemos, con los dogmas terribles del Islam; no podríamos serlo. Acusarnos de lo contrario es una perversa actitud, interesada y consciente, regada con unas gotitas del tradicional victimismo cristiano (hoy más vivo que nunca) y sazonado con un toque de “envidia de fatwa”.

Se trata de personas que seguramente se alarman mucho de las “persecuciones a cristianos” (que también condenamos) pero nos dicen que en Orlando “solo murieron personas, independientemente de su orientación sexual”. Gente con influencia y poder de difusión de ideas que están transmitiendo  continuamente un discurso de odio hacia las personas LGTBI, y presentar una oposición entre “cristianos” y “homosexuales”. Por mucho que hayamos criticado la incoherencia de personas LGTB que quieren abrazar una religión que les discrimina, no podemos negar que sin duda, muchos o la mayoría de los que murieron en Orlando se identificaban como cristianos.

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REFLEXIONANDO: Las PP (Pijas del Palo)

Es lo que buscan, en realidad, usando la excusa de la libertad de expresión o de conciencia. Transmitir desde una supuesta autoridad moral veneno para las mentes que acaba convenciendo a muchos acríticos y descebrados de que tienen derecho a matarnos, o al menos de invisibilizarnos y negárnoslo todo porque nuestras vidas valen menos (no olvidemos que a fin de cuentas al dios de las tres religiones abrahámicas las personas LGTB no le gustamos nadita…). Y este discurso, impregnado en la sociedad, llega a todas partes, independientemente de que te consideres o no una persona religiosa.

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Así que nos da absolutamente igual que este discurso se origine en una mezquita persa, una iglesia de nuestro barrio, en un vihara budista o en una entrevista en 13tv. Todos los que reproducen este discurso, siempre el mismo, son la misma escoria dañina y son culpables, al menos indirectos, de estas muertes. Porque el odio se alimenta, tal como un geranio se riega para que medre lozano y florezca; ¿quién no achacaría al agua el hecho de que el geranio crezca?

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Si estabais esperando un post incendario contra alguna religión en concreto, esperamos que os hayáis decepcionado mucho, aunque sabemos que algunos navegáis ya alegremente sobre las peligrosas olas de la xenofobia y la islamofobia; pero tened cuidado con los bajíos, no se os vaya a romper el barco. Nos ha parecido especialmente insultante para la memoria de las víctimas de la tragedia el que se hayan empleado etiquetas como “Pray for Orlando” no sólo porque en un mundo que pelea constantemente por ver qué religión es mejor es algo que no tiene ningún sentido o porque creamos que los rezos no sirven de nada cuando has dejado este mundo, o que el rezo es el lenguaje empleado por esas mismas religiones que continuamente insultan y lanzan un mensaje terrible contra esas personas que fueron asesinadas. Es invocar a usar el rito y el lenguaje de las religiones difusoras del odio que hizo que fuesen masacrados esos seres humanos por los que se pide rezar (o sea, dirigir a Dios nuestras plegarias para que interceda por esas personas muertas). Desde las mezquitas, iglesias y todo tipo de templos se acusa a esas personas que murieron de ser aberraciones contrarias a la naturaleza, de que ofenden a Dios, ese Dios al que masas de maricones dirigieron en Twitter sus plegarias con el #PrayForOrlando.

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Somos conscientes de que nos diréis que la oración es una forma de canalizar energía positiva y que muchas  de esas personas que mandan oraciones no son homófobas o están igualmente consternadas por el ataque. O que incluso no son conscientes del profundo e inequívoco sentido de lo que significa rezar. Pero seguimos pensando que el mundo estaría mejor sin sus rezos y sin sus líderes religiosos llenos de odio y de ira que seguirán mañana o pasado lanzando mensajes contra nosotras las personas LGTBI.

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