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  • Unas 300 personas se manifiestan en Madrid para defender la “libertad de expresión” y el autobús tránsfobo de HazteOir.
  • Entre los manifestantes no faltaron los comentarios LGTBfóbicos, la ignorancia y hasta las amenazas de agresión.

Cuando empezó el drama del autobús tránsfobo de HazteOir ya sabíamos que esto iba a pasar. Porque cuando en su momento HazteOir y los católicos en general se lanzaron contra el matrimonio igualitario pasó lo mismo: primero gritan muy fuerte, indignan a media España, esa misma media España en lugar de contrarrestarlos los legitima, ellos se crecen y organizan una manifestación.

En el caso del matrimonio igualitario porque íbamos a acabar con la sociedad y porque se estaba atacando a las familias. 11 años después esos argumentos no tenían sentido ninguno, aunque alguno intenta relacionar la baja natalidad del país con la aprobación de nuestros derechos; que evidentemente que yo me pueda casar con la persona que quiero (y uso el verbo “querer” como sinónimo de “amar”) afecta al resto de la sociedad mucho más que la incertidumbre económica y las variables sociopolíticas de la última década.

Pero hay una diferencia entre las manifestaciones católicas de hace 10 años y la manifestación LGTBfóbica de ayer en Madrid. A la primera reivindicación se sumó gran parte del espectro político de la derecha (el PP), pero once años después hasta el PP ha aprendido cosas sobre los derechos del colectivo. A la segunda, se han sumado ellos solitos y se han quedado solos.

Lo siento, Ignacio Arsuaga: has tenido la atención del país durante dos semanas y, aún así, no has convencido a la mayoría. Vuestro mensaje no tiene cabida en nuestro país y has predicado para los conversos.

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Que, por cierto, tampoco fueron muchos conversos. A la manifestación de ayer en Madrid, que desde HazteOir esperaban que fuera tan multitudinaria como las del #ConMisHijosNoTeMetas de Perú, acudieron unas 300 personas. Aunque en Antena 3, que debieron saltarse las clases de matemáticas, aseguran que fueron 2.000. Tal vez el problema sea, querido Ignacio, que España y Perú son dos países muy diferentes y a nosotros la Iglesia ya no nos vende la moto con sus dogmas anticuados y su falsa moral.

Libertad de expresión, adoctrinamiento, la libertad de los niños, el lobby LGTB… Todos los argumentos que expresaban los que acudieron a la manifestación olían a rancio y, por supuesto, a mentira. Muy poquitos son los que se creen en este país (al contrario que en Perú) que enseñar a los niños la diversidad sexual en las escuelas implique adoctrinarles para que se conviertan en gays, lesbianas, bisexuales o transexuales. Del mismo modo que enseñarles nociones tan básicas como el rechazo al racismo no les va a convertir en negros; porque (aunque a alguno aún le joda) nuestros menores ya están más que acostumbrados a compartir sus vidas con niños de otras razas, otros credos y otras culturas.

En lo que sí se parecieron la manifestación de HazteOir y la de Perú fue en la pobreza humana de los que desfilaron con la pancarta que llevaba el mensaje del autobús en el que la Fiscalía vio indicios de delito de odio. La intolerancia, la ignorancia, la falta de respeto y la LGTBfobia camparon a sus anchas. Y cuando se cansaban de repetir sus tonterías, pasaban a la violencia.

Desde la señora que no quiere que a sus hijos los eduquen “homosexuales y lesbianas” (nota para la señora: las lesbianas también son homosexuales y profesores homosexuales ha habido y habrá toda la vida), hasta la señora del “porque somos educados, sino te íbamos a zurrar“; pasando por la joven que dice que los profesores han de enseñar matemáticas, lengua, historia pero no moral, que eso ya lo enseñan ellos en casa. Curioso, porque luego son los primeros que exigen que la religión católica se enseñe en los centros educativos (o no les importa que se financien sus creencias con dinero público).

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La manifestación de HazteOir fue un fracaso para HazteOir y un éxito para todos los demás. Pero también ha de servir como llamada de atención a los medios que estos últimos días han creído que al fomentar la aparición de estos energúmenos en televisión estaban haciendo un favor a la “libertad de expresión“. No podemos invitarles a televisión y celebrar debates sobre cosas que no son debatibles para luego llevarnos a la cabeza por el incipiente número de agresiones LGTBfóbicas en nuestro país.

Algunos no han tenido (ni tendrán) la “suerte” de encontrarse con una señora “educada” que no les va a zurrar.

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  • Raf Martini

    Para la señora que no quiere que a sus hijos los eduque un homosexual: Señora, no los lleve a un colegio de curas…