“Las tonterías y comentarios transfóbicos que se han leído y escuchado durante estos días demuestran una cosa: a España no le importa que haya transexuales en televisión, pero España no habla SOBRE esos transexuales”

Cuando un personaje popular muere, y más si es un personaje que se movía por ciertos programas de televisión o cierta parte del imaginario colectivo, es inevitable que se acabe removiendo la mierda. En el caso de La Veneno no sólo era algo que sabíamos que iba a pasar, sino que visto lo visto era necesario que esa mierda se removiera.

Y es que entre todos los capítulos de esta rocambolesca telenovela que se está formando, con amigos, familiares y parejas tirándose los trastos unos a otros para ver quién la quería más y por qué pasó lo que pasó hay una cosa que me llama poderosamente la atención y que ya era hora de que se pusiera sobre la mesa (aunque ojalá hubiera sido en otras circunstancias): España es un país transfóbico.

(Antes de seguir, por si acaso: lo que está haciendo la familia de La Veneno me parece deleznable.)

Cristina, en la presentación de su libro (Foto: Europapress)
Cristina, en la presentación de su libro (Foto: Europapress)

La muerte de Cristina ha hecho que todos los medios de comunicación hablen del tema. Y sí, la situación ha sido un esperpento.

Cuando la Veneno apareció en nuestras vidas hace 20 años lo hizo de forma transparente: todos sabíamos quién era y a qué se dedicaba. Durante años se paseó por los platós de televisión soltando las burradas más grandes que puedes imaginar, burradas que en boca de otros nos habrían hecho saturar los servidores de Change.org exigiendo dimisiones, disculpas y vetos mediáticos. Pero en parte ésa era la clave de un personaje como Cristina: le daba visibilidad a un colectivo (el de la L, la G, la B y por supuesto la T) que luego ella misma vilipendiaba en televisión con comentarios ofensivos no, lo siguiente.

Lo fascinante de la Veneno era que todas esas burradas, todo lo que llegó a soltarle a Nova cuando se pelearon en DEC, todas las maneras que tenía de referirse a su género, o la forma en la que hablaba del colectivo provenían de unas circunstancias vitales concretas; y probablemente por eso en lugar de quedarnos con el improperio o la indignación el colectivo acabó alzándola como un icono. No es que nos diera igual que hablara así de según qué temas, es que entendíamos el contexto y que, aunque fuera de forma radical, la Veneno llevó hasta el extremo (y más allá), seguramente sin saberlo, lo de apropiarse de los insultos del heteropatriarcado para quitarles valor.

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Pero aunque muchas veces provocaba carcajadas en el público y soltaba frases míticas que se convirtieron en parte del lenguaje de tantos de nosotros, el 90% de las veces que La Veneno aparecía en televisión hablando sobre algo nadie se paraba a pensar en la realidad que había detrás de lo que estaba contando. Todo el mundo sabía que era trans, todo el mundo sabía que se prostituía, todo el mundo sabía que se había dejado operar por gente poco recomendable y por supuesto todo el mundo ha oído hablar de su “tiburón”. Pero nadie se paró a pensar, a descubrir o a investigar el porqué.

La prostitución de las mujeres transexuales, la discriminación laboral, el estigma social, la falta de ayuda en la Seguridad Social, el coste de las operaciones… España ha avanzado mucho en esos temas pero aún queda un larguísimo camino que recorrer. Y La Veneno era el ejemplo viviente de esa problemática, pero nadie miraba lo que había detrás de La Veneno; aunque todo el mundo lo veía.

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Así que de repente tenías y tenemos a un personaje como ella en televisión, con el poder de visibilización que eso conlleva, sin que nadie se pregunte el qué, el cómo y el por qué. España aceptaba sin problema a un personaje transexual en televisión, pero España no hablaba sobre la transexualidad de ese personaje más allá de las bromas que hacía ella misma; no sea que hablando de transexualidad la gente aprenda.

Que eso pasara en 1996 podía tener una explicación, casi te diría que una justificación. Pero lo que está pasando en 2016 es para llevarse las manos a la cabeza.

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Esta tarde en Sálvame la reportera que descubrió a la Veneno, Faela Sainz, ha explicado cómo fue ese momento; y aunque hace 20 años que la conoció y es de suponer que habrá aprendido muchas cosas en este tiempo, a Faela le ha costado muy poco empezar su historia con un:

“Fíjate que era difícil en aquella época que los traveeee… las persoooo… las sirenas, que las sirenas te hicieran caso.

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Las sirenas

Y se ha quedado tan pancha.

Poco después Kiko Matamoros le reprochaba que la historia que estaba contando chocaba con la que cuentan las amigas de La Veneno, a lo que Faela ha respondido: “¿Qué amigas? ¿Otras sirenas?” y Matamoros le ha respondido con un contundente: “Otras mujeres. Les tengo el respeto suficiente para llamarlas mujeres y no sirenas.

Si te preguntas qué hacía Paz Padilla, evidentemente iba por el plató diciendo “sirenas” como si fuera lo más bonito del mundo sin tener ni puñetera idea de la enorme carga transfóbica de esa palabra. Parece mentira que a estas alturas haya que ir a la presentadora de uno de los programas más vistos de la televisión a explicarle que una mujer trans es justamente eso, una mujer. No es un pony. No es un unicornio. No es una sirena. Es una mujer. Lo peor es que probablemente Faela utilizara ese término porque se lo escuchó decir a la propia Veneno, y no hace falta ser muy listo para saber a qué se refería cuando utilizaba esa palabra al referirse a las personas trans.

20 años desde que la descubrió para la televisión, y a una periodista como Faela no sólo le cuesta horrores decir “persona trans” en televisión, sino que casi la llama “travesti“.Que fue, de hecho, lo que la llamaron en El Periódico de Catalunya cuando publicaron la noticia de su ingreso en el hospital (y en masculino, por supuesto):

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Pero está claro que si hay un programa que se está quedando a gusto sacando la transfobia a pasear es Sálvame. El otro día, por ejemplo, entrevistaban en plató a la hermana de la Veneno. Hasta han hablado con su madre. Sí, la misma familia que Cristina explicó en su libro que la rechazó primero por su orientación sexual y luego por su transexualidad, la misma familia que renegaba de ella (hasta que necesitaba dinero) se pasea ahora por los platós diciendo que la querían mucho, que quieren que se investigue su muerte como si fuera un delito (aunque todo apunta a un trágico accidente, pero eso vende menos). Pues esa familia se sienta en plató y dicen, ojo, que en su lápida en Adra (cuando Cristina dijo que quería ser incinerada y que sus cenizas se esparcieran en el Parque del Oeste) ponga “Cristina, más conocida como Joselito“.

Y lo peor no es que la hermana de la Veneno y sus familiares muestren tan poco respeto a la memoria de Cristina, lo peor es tener a una presentadora incompetente participando en algo espectacularmente ofensivo:

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Aunque uno empieza a pensar que es la propia dirección del programa la que fomenta que se siga estigmatizando la transexualidad, porque si no explícame tú a mí esto:

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Y explícamelo bien, porque el simple hecho de preguntar algo así es para coger a más de uno y soltarle una buena… charla.

Ya que estamos, tenemos que hacer una mención especial a nuestro gran amigo (y mejor aburrida de la vida persona) David Torres Andreu, el hombre detrás de esa farsa que es la “nueva” “revista” “Zero”, el que hace poco tuvo una crisis al copiarle un texto (su modus operandi habitual, vamos) a un twittero conocido y se peleó con el medio internet que aún no le conocía y se pensaban que la revista Zero realmente seguía siendo la de antaño. Pues parece que la “Revista” “Zero” de vez en cuando sí escribe textos propios (con faltas de ortografía). Concretamente lo hace en su página de Facebook, la misma que deberías dejar de seguir porque además de plagiar todo el contenido de internet y comprar seguidores, es así de respetuosa:

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Qué inocentón el usuario que le escribió pensando que la “Revista” “Zero” era un medio serio y se encontró con una obra cumbre de la transfobia y el esperpento patrio:

Te in-Teresa
Lo que La Línea Roja no entendió (ni quiso entender) sobre la homofobia

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Aunque el último caso lo cojo con pinzas porque cuando a un reloj le faltan tornillos es normal que se retrase, el resto de tonterías y comentarios transfóbicos que se han leído y escuchado (y se seguirán leyendo y escuchando) durante estos días a raíz de La Veneno demuestran una cosa: a España no le importa que haya transexuales en televisión, pero España no habla SOBRE esos transexuales. España no habla sobre su problemática, sobre sus necesidades, sobre su realidad, sobre su discriminación. Faela, la reportera, explicaba las “ingentes” cantidades de dinero que ingresaban las “sirenas” en contraposición a las de la otra acera, “las que no eran sirenas“. Pero no se atrevía a decir que muchas de esas mujeres transexuales que ejercían la prostitución en el parque del Oeste no se reasignaban el sexo porque precisamente no estar operadas era su mayor fuente de ingresos. Esa realidad está ahí. De esa realidad no se habló ni se habla. Es más cómodo llamarlas “sirenas” y pensar que estás siendo educada y hasta cariñosa; cuando lo que estás siendo es una paleta condescendiente.

Esa situación de invisibilidad del colectivo, aún en pleno 2016, esa ocultación de una problemática real que sólo vemos en programas de telerrealidad más sórdidos pero no en los matinales, en las sobremesas, en los magazines… Todo ese esfuerzo por saltarse el proceso de pedagogía lógico y pasarnos de modernos aceptando la transexualidad sin analizar lo que realmente implica ser transexual lleva a que Paz Padilla hable de un “hermano“, a que una reportera hable de “sirenas“, a que El Periódico confunda travesti con transexual… Lleva a que ese tema siga aún en 1996. Y no te creas que dentro del propio colectivo la cosa está mucho mejor.

Juan Pedro Tudela (Foto: Dos Manzanas)
Juan Pedro Tudela (Foto: Dos Manzanas)

Ése es Juan Pedro Tudela, al que llevo mucho tiempo queriendo presentarte. Tudela es organizador del ahora llamado Fitur Gay LGTB y es el director de una empresa muy moderna llamada Diversity Consulting. Pero la Diversity que a él le gusta, claro. Porque Tudela (al que probablemente te hayas cruzado en el muro de Facebook de algún amigo tuyo poniendo a parir a Carmena y a Colau) hace un par de años decidió cambiar el nombre de Fitur LGTB por el de Fitur Gay ya que, según sus propias palabras: “Los hosteleros podían pensar que iban a tener todo el hotel lleno de Cármenes de Mairena o de La Veneno pero, con todos mis respetos, no es lo que el empresario quería.

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En el fondo toda esta sarta de burradas tienen un denominador común. Como cuando en una película de súper héroes los protagonistas descubren que todo contra lo que han estado luchando está organizado por un malo malísimo oculto en la sombra; en esta película tu-su-nuestro archienemigo es quien menos te lo esperas: la normalización.

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Hay un sector del colectivo LGTB que va de la mano con otro sector del colectivo hetero que se llena la boca hablando de normalización. De que hay que ser, parecer y aparentar ser “normales. Es un sector que castiga al diferente, es gente como Tudela que olvida que si hoy se puede casar con la persona a la que ama es porque hace 50 años las Venenos y las Cármenes de Mairena se liaron a palos con la policía en el Stonewall.

Así a toda la panda de la “normalización” le parecía “normal” que la Veneno apareciera en televisión porque era un “personaje“, pero no quieren ni oír hablar de todo lo que les hace darse cuenta de que la Veneno ni era normal ni, probablemente, tuviera mucha aspiración de serlo. Porque la normalización es muy bonita en la práctica, pero al único que le va a pedir un sacrificio es al diferente: tú encaja, que como mucho conseguirás que no te llamen “sirena” (y visto lo visto, ni eso), porque nadie te va a regalar nada por “normalizarte.

Puede que a algunos les cueste entenderlo. Puede que incluso haya quien prefiera que no lo entiendas. Pero las cosas son como son.

Pues Cristina era prostituta. Cristina era transexual.

Y Cristina era, sobre todo, CRISTINA.

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