- Marcelo Crivella, el obispo evangélico que hablaba de la homosexualidad como una «terrible enfermedad», es elegido alcalde de Río de Janeiro con un 60% de los votos.
Hace no mucho tiempo en Río de Janeiro se celebraban unos Juegos Olímpicos que pasaron a la historia por muchas cosas malas y por algunas cosas buenas. Entre las buenas estaba, por ejemplo, el hecho de que eran los JJ.OO. con más atletas LGTB fuera del armario. Entre las malas… Mira, entre las malas había demasiadas cosas y no tengo tiempo de enumerarlas todas.
Lo que sí vimos durante las ceremonias de apertura y de clausura fue un canto a la libertad, a la paz y, sobre todo, al respeto a la diversidad. Por desgracia, por muy bonito que les quedara el espectáculo, parece que en Río de Janeiro no están por la labor.

El pasado domingo la ciudad celebró unas ajustadas elecciones municipales que tuvieron como vencedor a Marcelo Crivella, un obispo evangélico del Partido Republicano Brasileño. Crivella acaba con 13 años de gobierno de izquierdas, y lo hace con casi un 60% de los votos.
Evidentemente que un político, sea de derechas o de izquierdas, gane unas elecciones no tiene por qué ser una mala noticia. Aunque en este caso muchos son los que están preocupados por todo lo que representa la figura de Crivella. El nuevo alcalde es un antiguo obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios, una congregación evangélica que fundó su propio tío; y aunque durante la campaña electoral Crivella ha hecho lo posible por distanciarse de los evangélicos y ha prometido que mantendrá su fe a un lado, las burradas que dijo en el pasado sobre los homosexuales han vuelto a la palestra. «Estamos muy preocupados por los resultados de las elecciones municipales» ha explicado Claudio Nascimento, el coordinador de la ONG Rio Sin Homofobia, «Necesitamos una garantía de que el nuevo alcalde va a gobernar para todos y no sólo para una religión, y que respetará la separación de la Iglesia y el estado.»
Algo complicado, porque como señalan algunos expertos en política brasileña, la intención de la Iglesia Evangélica es extenderse por todos los organismos políticos y judiciales que crean necesarios. Y mira, no les está yendo mal.
La Iglesia Evangélica cada vez tiene más adeptos en Brasil y sus valores tremendamente conservadores han chocado más de una vez con la legislación del país, sobre todo en materia LGTB. Por eso no sorprende que Crivella siempre hablara de la homosexualidad como un pecado, pero sí es bastante escandaloso que llegara a categorizarla como una «terrible enfermedad» en su libro Evangelizando África.
Habrá que ver qué pasa en el futuro en la ciudad y en el país, porque el vacío de poder que han dejado los últimos escándalos políticos en Brasil parece que está siendo ocupado por la derecha más conservadora.
Fuente | CNN










