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Un juez de California no cree que una pastelera que se negó a hacer una tarta para una pareja de lesbianas estuviera discriminándolas porque (atención) la tarta aún no estaba cocinada.
Una cosa a la que parece que le están cogiendo el gusto en EE.UU. (y ya sabes que éstos cuando le cogen el gusto a algo no lo sueltan) es a los casos de parejas homosexuales que demandan a pasteleros por negarse a hacerles una tarta para su boda.
Y aunque normalmente las cosas acaban bien para la pareja y mal para la pastelera… esta vez las tornas se han dado la vuelta.

Bianca Eileen Del Rio y su prometida, Mireya, acudieron a la pastelería Tastries Bakery (regentada por Cathy Miller) para probar pasteles y elegir su tarta de boda. Pero justo después de una sesión de cata de pasteles Cathy le dijo a la pareja que no les haría la tarta para su boda porque es cristiana. ¿Y los cristianos no tienen manos? Te preguntarás. No. Los cristianos, a veces (la mayoría de las veces) son muy tocapelotas y creen que su religión privada les da derecho a discriminar a los demás.
«Ya lo habíamos elegido todo. Solo teníamos que probarla.» explicó Eileen en su Facebook, «Pero ella (Cathy) se hizo cargo del proceso y dijo que no apoyaba a los homosexuales en ningún sentido«. Eileen y su pareja llevaron el caso a los tribunales y aunque en la mayoría de este tipo de denuncias el juzgado daba la razón a la pareja gay, en este caso el juez David Lampe decidió sentenciar a favor de la pastelera.
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¿El motivo? Que la tarta aún no estaba cocinada. Y te puede parecer una tontería, pero cuidado con esto porque puede sentar un precedente peligroso.
El juez Lampe no considera que Cathy (la pastelera) estuviera discriminando a la pareja porque la tarta aún no había sido preparada. Si la tarta hubiera existido y Cathy se negara a vendérsela porque son una pareja lésbica, habría sido discriminatorio. Pero como la tarta no existe el señor Lampe considera que no están siendo discriminadas y que obligar a la pastelera a cocinarla sería algo «tiránico«.

La pareja y su abogado se quedaron a cuadros al leer la sentencia. Que es probablemente lo mismo que te ha pasado a ti. Y es que es tremendamente absurdo: aunque la tarta no esté cocinada, la pastelera se niega a ofrecer su servicio únicamente porque se trata de una pareja homosexual. Si fuera una pareja heterosexual cocinaría la tarta, como son lesbianas no lo hace. Y ESO ES DISCRIMINACIÓN. Y por ello el abogado, ha dejado claro que «esto es solo el principio. Es una batalla en la guerra contra la discriminación.»
La sentencia es tan absurda que hasta Jimmy Kimmel se ha reído del tema en su programa:
Pero la pastelera y sus abogados (un grupo de estos pesados de defensa de la Libertad Religiosa y la Familia y los Valores y su puta madre -perdón, es que me tienen frito-) celebran el veredicto y Cathy sigue insistiendo en que ella no es homófoba, que simplemente defiende su libertad de expresión y religiosa: «Por supuesto que esperábamos que el veredicto nos fuera favorable, pero sabíamos que el Señor lo controlaba y que hicimos lo que estábamos llamados a hacer. No hace falta decir que no queremos discriminar a nadie, pero necesitamos alzarnos y defender nuestra libertad religiosa y nuestra libertad de expresión.»
Por si eso te resulta poco indignante, que sepas que Cathy ha reconocido abiertamente que nunca ha atendido a una pareja gay y que en los últimos cinco años a cada pareja homosexual que aparecía en su negocio la mandaba a la competencia. Además cree que ella es la víctima de todo esto: «Me ha dolido mucho esta situación. No creo que deban perseguirnos por nuestras creencias.»
POBRES HETEROSEXUALES CRISTIANOS, QUÉ DISCRIMINADOS ESTÁN

El de Eileen y Mireya no es el primer caso de pareja homosexual que ve cómo alguien se niega a atenderle por su orientación sexual. Y aunque es algo que ocurre en muchos ámbitos desde que se aprobó el matrimonio igualitario en EE.UU. las tartas de bodas están en el centro del huracán de la LGTBfobia. El caso más famoso, y del que en este web nos hemos reído os hemos hablado mucho, es el de Sweet Cakes by Melissa. La pastelera se negó a hacerles una tarta a una pareja de lesbianas que la denunciaron por discriminación, ganaron el primer juicio, fueron amenazadas por los cristofrikis, ganaron las apelaciones y arruinaron a la pastelera hetera. O en realidad no, porque sus defensores montaron una página de crowdfunding (como han hecho los defensores de Cathy Miller) para pagar la multa y las costas del juicio y recaudar dinero para el homófobo de turno.
Actualmente hay otro caso casi idéntico (un pastelero que se negó a hacer una tarta para una boda gay porque su religión está en contra de los gais) en el Tribunal Supremo y el veredicto de ese juicio sobre la «libertad religiosa» puede ser tan importante que hasta la Casa Blanca se ha involucrado. La mala noticia es que estamos hablando de la Casa Blanca de Trump, y no se ha involucrado para asegurar que se respetan los derechos y la igualdad de todos los estadounidenses sino para afinar el Supremo y asegurarse de que la homofobia gana la batalla legal.
Una batalla legal que puede dejar al colectivo LGTB+ estadounidense en una situación tremendamente vulnerable. Porque si empezamos por aceptar que no nos hagan tartas, poco tardarán en negarnos trabajos, techo o atención sanitaria.
Ah calla, que ya lo hacen.
Fuente | Pink News









