Vanessa LoBue es una profesora asistente de psicología en la Universidad Rutgers de Newark y ha realizado un estudio sobre cómo perciben los niños el género que va a hacer que más de uno se replantee las cosas. Ojo porque lo que ha descubierto LoBue es francamente interesante.
Según ha podido observar LoBue al trabajar con bebés, los niños no empiezan a adoptar comportamientos estereotípicos de cada género hasta que tienen dos o tres años. Y es un poco después, sobre los 5-7 años, cuando su concepto del género se vuelve más rígido.
LoBue explica en un artículo en The Conversation la importantísima diferencia entre género y sexo biológico de una forma muy sencilla. Cuando el esperma del padre y el óvulo de la madre entran en contacto, cada uno aporta 23 cromosomas. De ahí surgen 22 pares de cromosomas idénticos y uno que será el que determine el sexo. Pero mientras el sexo está definido por ese cromosoma (el XX o el XY), el género lo determinará ese genotipo y el entorno. Hecho que no debería sorprendernos porque en la naturaleza hay varias especies cuyo sexo biológico depende de las circunstancias del entorno: especies de coral que cambian de sexo según requiera su comunidad o reptiles cuyo sexo lo determina la cantidad de calor que reciben cuando son incubados.

Ahora que las barreras del género parecen estar disipándose cada día más para los humanos adultos, LoBue se ha dado cuenta de que lo único que estamos haciendo es volver a pensar como cuando teníamos menos de tres años. Y es que antes de cumplir los cinco años el género es mucho más flexible para nosotros: «un preescolar puede preguntarle a su profesora si cuando era pequeña era un niño o una niña, o un niño pequeño puede decir que cuando crezca quiere ser mamá.«
LoBue apunta a la investigación realizada por otra psicóloga, Sandra Bem, que mostró a un grupo de niños de preescolar tres fotografías del mismo bebé: una desnudo, otra vestido con ropa típica de su género y otra vestido con ropa totalmente opuesta. Los niños no tenían problema en identificar si era un niño o una niña al ver la foto desnuda o al verle con la ropa típica; pero aunque les explicaran que en la tercera foto estaba «disfrazado» la mayoría de los niños de entre tres y cinco años acababan pensando que ese bebé había dejado de ser un niño (por ejemplo) y ahora era una niña. No era hasta un poco después, cuando asimilaban el concepto de sexo biológico (los niños tienen pene y las niñas tienen vagina) que comenzaban a asegurar que la ropa no cambia el género.
Cuando los niños crecen, a partir de los cinco años, empiezan a percibir el género como un rasgo inmutable. Es entonces cuando prefieren relacionarse con niños de su mismo género o cuando comienzan a elegir juguetes típicos de su género. Unos años después, entre los siete y los diez años, es cuando vuelven a relajar un poco su concepción estricta de los géneros y tanto los niños como las niñas dicen que les gusta (por ejemplo) jugar con camiones o jugar con muñecas.

LoBue cree que aunque en determinadas etapas del crecimiento podemos percibir que los niños aún no son capaces de entender según qué cosas, en realidad su estudio demuestra que puede que simplemente estén avanzados a su tiempo. LoBue pone como ejemplo el hecho de que en cuanto Caitlyn Jenner hizo público que era transgénero, muchos adultos han vuelto a darle vueltas al hecho de que aunque los cromosomas determinen nuestro sexo esa información genética no tiene por qué determinar también nuestro género.
Cosa que los niños de menos de tres años parecen tener clarísimo.
Fuente | The Conversation











