2. Que no esté limpio.
Bueno, a menos que hayas quedado para una sesión de meos, lapos y otros fluidos, lo ideal es que el anfitrión esté aseado. Vamos, que una duchita no le viene mal a nadie. Y si fuera necesario, pues alguna «limpieza a fondo» (ejem) igual es buena idea.
Ahora, si has quedado para una sesión de guarreo o te ponen los olores, zapas y calcetos, que es algo que está muy de moda, nosotros no tenemos nada que objetar. Solo que en ese caso consideramos que el anfitrión debe currarse unos gayumbos como Dios manda y tener la ducha bien lejos del dormitorio.




















