El Tribunal de Inmigración sueco quiere deportar a un chico que vio cómo mataban a su novio en Nigeria porque no se creen que sea gay.
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Mira Suecia, te lo voy a decir bien clarito: se nos está cayendo el mito. Tú se suponía que eras el país guay, el que todos queríamos ser. Y vale que en el nuestro estos temas están fatal pero chica, se supone que tú tenías que hacer las cosas bien.
Hace unos meses nos hacíamos eco del caso de Andrew Nagbe, un chico ¿Liberiano? ¿Liberianés? DE LIBERIA que estuvo a punto de ser deportado a pesar de haber solicitado asilo por su condición sexual (es gay) dado que en Liberia los gays no suelen estar muy bien vistos. Tan poco bien vistos que, de hecho, casi no se les ve porque los matan. Pues los de inmigración suecos dijeron que es que no estaban seguros de que el chico fuera gay, a pesar de que cuando fue detenido estaba en las celebraciones del Pride de Estocolmo. JUNTO A SU NOVIO.
Al final la deportación de Nagbe se detuvo en el último momento, en parte por la presión mediática que recibió el caso cuando se hizo público. Lo último que supimos, en agosto, es que se iba a reconsiderar su petición de asilo. Y como estamos en enero y no sabemos más del tema, entendemos que no news good news.
Pero algo parecido le está pasando ahora a Franco Kaodimuo, un chico de Nigeria. Y su historia, que ha dado a conocer la Federación Sueca por los Derechos LGTBQ, es tremendamente dura. Con 14 años Franco viajó a la India con la promesa de una carrera de futbolista, pero la realidad es que fue vendido como esclavo. En India vio cómo muchos de sus amigos, que habían viajado junto a él, morían por las pésimas condiciones en las que les trataban los clubs de fútbol.

Tras dos años y medio, Franco volvió a Nigeria, junto a su novio. Un vecino les vio practicando sexo y alertó a los demás vecinos que acabaron atrapando al novio de Franco y apalizándole en público hasta matarlo. Franco tuvo algo más de suerte y tras pasar varias noches a la intemperie un familiar le prestó dinero para comprar un pasaporte y un billete a Suecia.
Y aquí viene lo gordo. Cuando Franco llegó a Suecia, evidentemente, no hablaba sueco. Así que al sentarse delante de las autoridades de inmigración para explicarles su caso tuvieron que buscar un intérprete. Para «saber» si Franco era gay le preguntaron sobre sus sentimientos más que sobre sus experiencias sexuales; sin tener en cuenta que una persona que lleva toda la vida reprimiendo su sexualidad y ocultando la relación que mantenía (desde los 12-13 años) con su novio no lo iba a tener fácil para explicar lo que siente. Y por si esta falta de inteligencia emocional fuera poco, el traductor resultó ser un amor y le dijo a Franco que «Si hablas de tus sentimientos diré que no entiendo lo que estás diciendo y te abandonaré.»
Visto lo visto, la Junta de Inmigración determinó que no se creían que Franco fuera gay porque no les habló de sus sentimientos y porque, además, les parecía sospechoso que no aceptara que era gay hasta los 16 años.
El problema es que la decisión del tribunal no admite apelaciones, así que todo apunta a que Franco será deportado a Nigeria país en el que, evidentemente, su vida corre serio peligro.
[divider]Fuente: Gay Star News[/divider]










