Hace unas semanas el gobierno chino decidió prohibir la emisión de la webserie Addicted, protagonizada por estudiantes de instituto y que fue toda una pequeña revolución porque por primera vez presentaba relaciones homosexuales entre los personajes, en un país con un gobierno teóricamente de izquierdas, pero pacato y gazmoño hasta rozar el victorianismo en lo moral, lo que entre otras cosas se refleja en la invisibilización de la realidad LGTB.

La prohibición dejó a millones de fans colgados esperando el desenlace y, desde entonces, los colectivos LGTB denunciaron que lo que le molestaba al Gobierno era la visibilidad de la realidad no heterosexual a pesar de que últimamente haya una cierta apertura (o más bien tolerancia a regañadientes). Al parecer, se retiró porque “en la serie aparecen relaciones sexuales anormales” entre menores y al rotundo éxito que cosechó con sus audiencias millonarias, algo peligroso para un país que optó por la invisibilización de las realidades LGTB. Antes, sin embargo, ya habían retirado otra serie que mezclaba bisexualidad, cambios de género y viajes en el tiempo. O casos como el de este documental sobre la homosexualidad que teóricamente fue autorizado a ser emitido de nuevo después de que los productores protestaran contra la Comisión de Censura, aunque en la práctica sea imposible encontrarlo en ninguna plataforma china.

Hasta ahora, parece que estas decisiones se tomaban sobre la marcha y sin dar muchas explicaciones, pero el pueblo chino se está despertando de su inducido sopor y esta semana el organismo estatal que se ocupa de la censura en los medios (la Administración de Prensa, Radio, Cine y Televisión) ha tenido que hacer pública la nueva norma que prohíbe una serie de contenidos en las series de TV que se emitan en el país por cualquier medio, indicio de que en estos tiempos tienen mucho que controlar. A partir de ahora, no podrán aparecer parejas homosexuales, además de escenas que incluyan relaciones extramatrimoniales, encuentros amorosos de una sola noche o amor entre adolescentes.

También quedarán prohibidos otros contenidos, como la brujería, supersticiones (y de esto andan muy bien servidos en China), la reencarnación o que se describan los métodos que usa la Policía para resolver los crímenes.

Lo más sorprendente es que, sin cortarse un pelo, se prohíben estas tramas con la cínica excusa de que exageran el lado oscuro de la sociedad. Queridas amigas chinas, el lado oscuro de la sociedad lo exagera la nube oscura de contaminación que flota sobre vuestras ciudadas y que os está envenenando, la corrupción generalizada (que seguirá existiendo por mucho que esté prohibida en TV) o la falta de información y educación sexual en una sociedad conservadora en la que millones de personas siguen viendo la homosexualidad de sus hijos como una enfermedad mental y, en los casos menos dramáticos, un inconveniente para sus posibilidades de ascenso social, con lo que se ven forzados a matrimonios (heterosexuales, por supuesto) de conveniencia.

Queridas amigas chinas, lo que más nos duele es que digáis que los maricas exageramos el lado oscuro de la sociedad. Nosotros somos el lado alegre y multicolor, el lado arcoíris, cuando nos dejan por lo menos, y no nos persiguen o nos encarcelan por serlo. Al gobierno chino le preocupa mucho dar una imagen de apertura y de mordernidad, y por eso nos extraña que ahora saquen la bandera de los valores tradicionales y de que “hay personas nacidas en la década de 1950 y 1960 que no entienden ni les interesan las relaciones entre personas del mismo sexo”. ¡Olé!

Hace tiempo que nadie, salvo los más disparatados medios cavernarios, hablan de China como ejemplo de comunismo, cuando practican un capitalismo más salvaje que el de la mayoría de estados del Occidente libre™. Pero aun así nos sorprende ver un estado supuestamente laico emitiendo una larga serie de prohibiciones morales que parecen ideadas en alguna república islámica cuando dan rienda suelta a la creatividad de la censura de tintes religiosos, o el fruto de los sueños húmedos de algún cristiano evangelista del sur conservador estadounidense.
Fuente | La Sexta









