Hace unas semanas Luis Alberto González envió una Carta al Director de El Pais titulada Buenas Noticias. Luis Alberto, profesor de religión en Lanzarote, explicaba con alegría cómo tras haber puesto su cargo a disposición del obispado porque había contraído matrimonio con otro hombre (lo comunicó él mismo por «transparencia«), su contrato se seguía renovando. Y eso que, tal y como apuntaba él:
Las directrices de la Iglesia son las que son: a los homosexuales les corresponde «vivir en castidad», pues actos «intrínsicamente desordenados no pueden recibir aprobación en ningún caso» (Catecismo de la Iglesia Católica, número 2.357).
Luis Alberto cerraba la carta explicando que, aún dando por hecho que iba a ser despedido, se alegraba de comprobar que o bien el obispo no le daba importancia al asunto o bien estaba dando «un nuevo enfoque al tema en su jurisdicción«.
El obispado de Canarias es una fiesta
Pues ni lo uno ni lo otro: Luis Alberto ha sido declarado «no idóneo» por el Obispado para ser profesor de religión y, seguramente, pierda su trabajo.
Si no lo ha perdido todavía es porque para la Consejería de Educación, la condición sexual no es una causa de despido.
La viceconsejera de Educación del Gobierno de Canarias ha salido al paso explicando que llevan años trabajando con Luis Alberto y nunca han tenido ningún problema, y que el contrato de Luis Alberto para el siguiente curso está renovado porque probablemente el Obispado no justificó de forma correcta o en el tiempo determinado la «no idoneidad» del profesor.
Además para ella la vida personal de Luis Alberto no debería suponer un problema para poder continuar su trabajo puesto que el hecho de que el Obispado considere que sea idóneo o no para impartir religión no puede chocar con la Ley de Matrimonio Homosexual ni con «los derechos fundamentales del individuo«.
Lo curioso del caso es que el propio Luis Alberto acepta la decisión porque sabía que podía pasar y lo único que pide es que le rescindan el contrato de la forma correcta para poder cobrar el paro.
En teoría toda esta historia nos debería indignar, y probablemente tú ya tengas preparada la bandera arcoiris y el megáfono para salir a protestar a la calle. Pero espérate, amiga, que no es todo tan sencillo como parece.
Y es que el vicario general de la Diócesis ha explicado que no se ha juzgado al profesor por ser gay, sino «si su condición moral resulta o no idónea para esas enseñanzas«. Y hombre, sí: es un poquito indignante. Pero si partimos de la base de que la Iglesia Católica imparte unas enseñanzas concretas en las escuelas, es lógico que sea la Iglesia Católica la que decida qué profesor es el adecuado para hacerlo.
Es decir: es absurdo que un hombre casado con otro hombre explique a sus alumnos de religión católica que, según la moral católica, el matrimonio homosexual es antinatural.
Igual de absurdo que en pleno año 2014 y en un país aconfesional como el nuestro el Obispado siga teniendo voz y voto en la elección de un funcionario. Aunque no tan absurdo como que se siga impartiendo religión en las escuelas. Puestos a enseñar historias de ciencia ficción, podrían hacer un curso de Star Wars; o hablar de las bondades del Monstruo del Espagueti Volador, que es mucho más molón que Jesucristo.
¿Y tú qué opinas, querida amiga? ¿Crees que el Obispado tiene derecho a decidir que el gay casado no es idóneo para enseñar religión? ¿Le han hecho un favor a Luis Alberto? ¿Debería haberse callado si quería mantener ese puesto de trabajo en concreto? ¿Le han discriminado? ¿Te indigna pero a la vez te parece normal lo que ha pasado?
Ay, necesito un poquito de vino sacramental para aclararme.















