¿Qué hubiera pasado si los clientes de Pulse hubieran llevado armas? Los defensores de esta idea aseguran que se hubiera evitado la masacre, y entre ellos se encuentran los Pink Pistols, un grupo LGTB que desde el año 2000 apuestan por las armas para luchar contra la LGTBfobia.
En su página web se definen de la siguiente manera:
«Somos un grupo de tiradores que hace honor a la diversidad y está abierto a todos los tiradores. Ayudamos a los nuevos a practicar y a disfrutar de un entorno social de diversión junto a todos nuestros socios.Trabajamos para construir puentes entre la comunidad de tiradores y otras comunidades como las basadas en sexualidades alternativas. Estamos a favor de las armas de fuego legalmente adquiridas y de que se puedan llevar de forma disimulada, para la autodefensa de las minorías sexuales».
¿Cómo te quedas?
Por si fuera poco, de vez en cuando colaboran con la Asociación Nacional del Rifle.
El grupo se crea dos años después de la muerte de Matthew Shepard cuando todavía estaba vigente el Don’t ask don’t tell y su filosofía se basa en un artículo de Jonathan Rauch, periodista abiertamente gay, titulado precisamente Pink Pistols, donde afirmaba que:
«31 estados permiten que todos los ciudadanos cualificados puedan llevar armas ocultas. En esos estados, los homosexuales deberían hacer un esfuerzo para sentirse bien con las armas, aprendiendo cómo usarlas de forma segura y a llevarlas. Deberían crear una fuerza llamada Pink Pistols, patrocinar cursos de tiro y ayudar a los homosexuales a llevar armas. Y deberían hacerlo con toda la publicidad posible».

Nosotros pensamos que las armas no son la solución sino el problema, aunque es cierto que el aumento de las agresiones homófobas y la dejadez de las autoridades nos han hecho pensar más de una vez en que la solución pasa directamente por nosotros. ¿O no?










