Hace ya quince años desde que Russell Arthur Henderson y Aaron James McKinney secuestraron, torturaron y asesinaron a Matthew Shepard por el simple hecho de ser gay. Aunque luego dijeran que no. Tranquilos, que esos dos desgraciados están cumpliendo dos cadenas perpetuas (cada uno) en la cárcel. El caso de Matthew levantó mucha polémica en el 98 y puso sobre la mesa el debate sobre los crímenes de odio en la legislación de Estados Unidos. Porque, aunque a Matthew lo encontraron (aún vivo) atado a una cerca después de haber sido golpeado hasta dejarlo en coma, aún hubo quien aseguraba que aquello sólo fue un robo que se les fue de las manos y no un ataque homófobo.
LOS COJONES
Desde que Matthew fue asesinado sus padres han recorrido todo Estados Unidos y medio mundo luchando por el reconocimiento de los derechos LGTB y el joven se convirtió en todo un icono de la lucha para la comunidad; la fundación que lleva su nombre es la que promueve, por ejemplo, el Día del Silencio, una jornada de protesta en la que estudiantes de todo Estados Unidos guardan silencio durante todo un día como muestra de apoyo a todos aquellos que sufren bullying y discriminación en las aulas.
Ahora los padres de Matthew Shepard vuelven a dar ejemplo y no dudan en plantarse en San Petersburgo para asistir a la proyección del documental Matt Shepard is a Friend of Mine en el festival Side by Side que se celebra en la ciudad rusa y que desafía la ley anti-gay anti-propaganda que Putin y sus amigos aprobaron hace tiempo en Rusia. Hay que tener un par de huevos para montar un festival como ése en San Petersburgo y para viajar hasta allí a presentar un documental como éste, pero como dice la directora Michele Jouse: «Es importante que las comunidades que no han tenido acceso a él puedan ver este documental«.
Os recomendamos que, cuando veáis el documental, os arméis de un buen puñado de pañuelos porque nosotros sólo con el trailer ya hemos llorado más que la Pantoja jugando al Monopoly y cayendo en la casilla de la prisión.
Los padres de Matthew, además, visitarán Moscú para reunirse con jóvenes gays y sus familias para poder contarles su historia y, con suerte, infundirles un poco de esperanza. «Putin ha hecho que ser parte del colectivo LGTB sea muy peligroso. Hará falta como mínimo una generación entera para limpiar el desastre que ha montado y conseguir algo de aceptación.«
No podemos admirarles más.












