Para que luego digan que en Grindr no hay amor.
Resulta que hace un par de años Craig Hewitt, un oficial de la Royal Navy inglesa (es decir, la Marina. Los militares que van en barcos. Coño, lo que hacía Rihanna en la película aquella de Hundir de la flota) encendió su Grindr y conoció a Joshua Brook.
El amor entre un oso y un Jedward twink es posible
Craig llevaba ya un montón de años sirviendo en el ejército y estaba fuera del armario desde que en el año 2000 las leyes inglesas levantaron la «prohibición» de que gays y lesbianas sirvieran en el ejército. He puesto «prohibición» entre comillas porque evidentemente no consiguieron prohibir nada y en cuanto lo de ser LGTB y militar se «volvió» legal, Craig le dijo a todo el mundo que era mariconcil. Y NO PASÓ NADA.
Pero a lo que iba: un día estaba Craig escuchando Marinero de Luces cuando encendió Grindr y conoció a Joshua, un jovial y pizpireto peluquero con el que quedó un par de veces para darle mandanga de la buena. Iba a tachar eso y poner una metáfora detrás, como solemos hacer en esta web, pero es que es verdad: le dio mandanga. La cosa es que se gustaron y siguieron viéndose y chateando hasta que un día se pusieron lesbianas personas profundos y hablaron del futuro y Craig se llevó a Joshua de vacaciones a Cuba.
Entre mojito y mojito, Craig y Joshua se comprometieron. Pero decidieron esperar a casarse en cuanto fuera legal, porque a ellos eso de la «unión civil» no les convencía.
Atención al cartel sobre la puerta. Classy.
Por suerte para ellos el matrimonio igualitario se aprobó hace unas semanas en Reino Unido y ahora tenían vía libre para casarse como y cuando les diera la gana. Aunque claro, siendo Craig un oficial de la Marina Británica ¿le iban a dejar casarse con su uniforme de gala y celebrar el enlace en el salón de baile del cuartel como al resto de marinos heterosexuales?
Pues SÍ.
Y no sólo les dijeron que sí, si no que les ayudaron en todo lo que pudieron. La boda se celebró en el registro civil de Plymouth y la celebración tuvo lugar en el Salón de Baile de la Base Naval de Devonport y, por sorprendente que parezca, en la decoración no hubo misiles ni torpedos; todo fueron lazos y flores y cositas bellas.
Además el personal de la base naval accedió a todas las peticiones de la pareja y no les pusieron ningún problema ni a ellos ni a sus invitados; entre los que se coló un desconocido que más tarde les explicó que había servido en la Marina en los años 60 y que fue expulsado y arrestado tras salir del armario.
Love lifts us up where we belong… Y la laca también.
Y así fue como Craig, Joshua y el pelo de Joshua (que se merece un DNI propio) se convirtieron en el primer matrimonio gay dentro de la Marina inglesa. Aunque como ha declarado Joshua (que siempre quiere tener la última palabra):
«En vez de etiquetarlo como un ‘matrimonio gay’, con suerte ahora que se ha legalizado se hablará simplemente de un matrimonio; igual que el de cualquier otro«















