Recordarás que hace unas semanas te contábamos una historia de esas que nos ponen de muy mala leche. Un programa de televisión egipcio, liderado por la «periodista» Mona Iraqi, se jactaba de haber conseguido destapar una red de «homosexuales» en un hammam de El Cairo y haber hecho que la policía detuviera a 33 hombres acusados de «libertinaje» y de llevar a cabo «actos inmorales e indecentes«.
Hay que tener en cuenta que en Egipto no es ilegal ser gay, pero como si les hiciera falta una ley para tocar los huevos.
Pues resulta que, a pesar de que todo pintaba muy negro, la justicia ha absuelto a los detenidos porque consideran que no estaban cometiendo ningún delito.
A Mona Iraqi suponemos que le dio un parraqui (perdón, tenía que hacerlo) cuando descubrió que su maravillosa investigación no servía para nada. Más parraqui debió darle cuando el abogado que defendía a los acusados la demandó (a ella y a la cadena de televisión) por difamación. Y más parraqui todavía cuando la fiscalía aceptó la demanda y, además, sumaron el cargo de difundir noticias falsas.
El abogado añade a la demanda que ni la «periodista» ni el canal han mostrado ningún indicio de arrepentimiento por haber provocado la detención, hecho que además llevó al suicidio de uno de los detenidos que se quemó vivo al temer las repercusiones que el hecho de que su nombre se hiciera público podía tener.
Iraqi, hija de puta, esperamos que te caiga un buen puro.
Aunque, sinceramente, nos fiamos más del modisto de Madonna que del sistema judicial egipcio.
















