Amigos y amigas con más ganas de reivindicación que una activista de Femen en mitad de una feria de videojuegos: estáis de enhorabuena. Tenéis un nuevo sitio al que peregrinar para organizar besadas y esas cosas que tanto os gustan. Aunque os pilla un poco lejos.
Te vas a tener que ir hasta Puyallup, en Washington, para conocer a Luis Hernandez; un chaval de 24 años que es gay y se le nota. Lo dice él mismo, que no suele vestir como el típico chico heterosexual, es muy afeminado y su comportamiento deja claro que es gay. No levantes la ceja, que tú a las 5 de la mañana de un sábado eres igual.
El caso es que Hernandez fue a McDonald’s y mientras estaba pidiendo fue testigo de cómo la encargada del local le echaba la bronca a un empleado como si fuera Naomi Campbell cabreada con su asistenta y Luis, que se quedó un poco flipando, comentó a la persona que le atendía que «si fuera mi encargada, no le toleraría eso«.
Según Luis (y siempre según Luis) la actitud del empleado que le atendía cambió por completo y se fue a la encargada a chivarse de lo que había dicho. «Mientras hablaban, los dos se giraron para mirarme y yo le dije que no hacía falta que se lo dijera. Dejé claro que le explicaría a la encargada con mucho gusto lo que me parecía que regañara así a un empleado delante de los clientes y de otros compañeros«.
La encargada que, suponemos, no ganó ningún concurso de Miss Simpatía cuando era pequeña, soltó un «Me da igual, me encanta» y se fue. El chico que le atendía siguió sirviéndole el pedido y mientras lo hacía le comentó a un compañero: «¿Ves? Por eso no me gustan los maricones«
A Hernandez se le hinchó la vena como a la Patiño discutiendo con Matamoros, pero el empleado le dijo que no estaba hablando de él, «¿Y de quién estás hablando, porque soy el único maricón en este mostrador?«.
RECREACIÓN: Luis buscando otros maricones en el mostrador
Total, que el hamburguesero chico del vicio, ponme contenta con tu servicio le acabó sirviendo fatal y Luis se fue a su casa. Pero el drama no había terminado (y esto es lo que le da calidad a la película): al ir a comerse la hamburguesa, Luis descubrió que la carne estaba cruda y chorreaba sangre.
Prueba de la acusación número 1. No hay más preguntas, Señoría.
Hernandez llamó al restaurante, con la buena fortuna de que la que cogió el teléfono fue la encargada con la que se había enfrentado antes. Le explicó lo que había pasado con la hamburguesa y el comentario homófobo que había hecho el empleado, pero ella se hizo un Ana Botella y lo negó todo. Le dijo que sus empleados nunca hablarían así de un cliente, que la hamburguesa no se sirvió así intencionadamente y que «no quiero hablar más sobre esto«, y colgó el teléfono.
Así que el hombre que casi se come un Big Mac crudo se puso en contacto con las oficinas de McDonald’s, que le dijeron que se iban a encargar del tema de forma interna. Que es lo mismo que decimos nosotros cuando un chapero sevillano nos amenaza con una demanda.
Luis fue a la policía para presentar una denuncia. No por el insulto homófobo, sino por venderle comida en mal estado. Pero el Mr. Policeman le dijo que eso era una disputa civil y no un acto criminal. ¿Y crees que Luis se quedó de brazos cruzados? ¡No! Llamó a sanidad y presentó una reclamación para que inspeccionaran el restaurante, y Grissom uno de los encargados de hacerlo constató que se trataba de un acto criminal por la forma en que habían manipulado la hamburguesa; así que Luis pudo presentar la denuncia.
Querido Luis: cuando te paguen la indemnización que es bastante probable que te acaben pagando, esperamos que te acuerdes de nosotros.















