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Un grupo de curas y monjas se van con pancartas a una plaza de Belgrado para hacerle un exorcismo a la ciudad poseída tras la marcha del Orgullo LGTB.
Belgrado. Siglo XXI. Un grupo de curas y monjas se han plantado en el centro de la ciudad para hacerle un exorcismo después de la marcha del Orgullo LGTB que se celebró el pasado 18 de septiembre. ¿Por qué? PORQUE SÍ.
Puede parecerte una broma, pero es totalmente real. Unos curas y unas monjas no tenían nada mejor que hacer que irse a una plaza a «purificar» Belgrado y «limpiarla» bien limpia después de la celebración de los «pecados demoníacos» que para ellos fue la marcha del Orgullo en la ciudad.

El Orgullo 2016 de Belgrado ha sido el más grande celebrado hasta la fecha en el país y contó con la presencia 5.000 agentes de policía que se aseguraron de que los manifestantes estuvieran a salvo de los ataques homófobos; y también de varios políticos serbios como la primera ministra abiertamente lesbiana, Ana Brnabic. Brnabic fue designada como Ministra de Administración y Autogobierno Local por el primer ministro, Aleksandar Vucic, que dejó claro que a él la orientación sexual de Ana le importaba un bledo: «Si puedes decirme algo malo sobre su currículum profesional, dímelo. Lo único que me interesa es el resultado del difícil trabajo que tiene por delante.»

Pero a los curas y las monjas de Belgrado el currículum de Ana (y de cualquiera) les da igual: a ellos les importa con quién te metes en la cama. Y por eso llevaron a su «exorcismo» un montón de pancartas con retratos de Jesucristo, pancartas homófobas y una imagen de una persona gay siendo arrastrado al «Infierno de la UE».

Así que en cuanto acabó el Orgullo 2016 estas buenas gentes de Dios se pusieron a pintar sus cartelitos de «Vergüenza gay» y «Nunca más» para exclamar que necesitaban exorcizar a toda la ciudad después de que «Sodoma y Gomorra la hayan conquistado.«

Teniendo en cuenta la que se suele liar en una película de exorcismos, no estamos muy convencidos de que realmente la ciudad estuviera poseída y mucho menos de que la tarea de los religiosos haya servido para algo. Al fin y al cabo no he visto a ninguna calle vomitar, a ningún edificio público hablar en arameo o a alguna estatua masturbándose con un crucifijo. Pero que yo no lo haya visto no implica que no ocurra, y si ellos dicen que había que hacerlo, había que hacerlo.

Fuente | Gay Star News










