Os hemos hablado ya de cómo poco a poco la sociedad japonesa va espabilando en materia de derechos LGTB y es que con unas elecciones generales a la vuelta de la esquina los activistas celebran que los temas más sensibles para el colectivo entren en los programas electorales de los partidos políticos, incluso el conservador, aunque sea de una forma casi testimonial.

Los que sí parece que están poniéndose las pilas para respetar la diversidad sexual son las empresas del país nipón. IBM, Sony, Dentsu o Panasonic son algunas de las 30 empresas que hace un par de semanas anunciaron un acuerdo para proteger al colectivo en sus empresas, conseguir más diversidad e inclusividad y asegurar la igualdad de las personas LGTB en el trabajo. No, por ahora no nos van a pagar más por ser más fabulosos que los demás (lo que nos parecería una medida muy justa para la sociedad en todos los aspectos), pero es de agradecer que los empresarios japoneses reconozcan los derechos de, por ejemplo, las parejas homosexuales aunque el gobierno aún no haya regulado una figura legal que las ampare.
Además de esa falta de reconocimiento de las parejas del mismo sexo y aunque en Japón la homosexualidad es legal (aunque no esté excesivamente bien vista por un sistema social excesivamente tradiocional) hay otro gran fallo en las leyes japonesas y es la falta de protección a las personas LGTB contra la discriminación. Y ese fallo parece que empieza a arreglarse ahora que el Ministro de Trabajo ha anunciado que incluirá la discriminación contra las minorías sexuales como forma de acoso sexual dentro de las directrices que se da a las empresas que operan en el país.

Hoy por hoy el acoso sexual en japón incluye el lenguaje o las acciones que tengan una naturaleza sexual que vayan dirigidas a un empleado, pero no hay ninguna mención a las personas gays, lesbianas, bisexuales o transexuales. Eso cambiará en enero de 2017 cuando cualquier tipo de ofensa, insulto o comentario sobre la sexualidad de un empleado o un compañero de trabajo se podrá catalogar como acoso.
Las asociaciones LGTB del país están contentas con esta decisión que consideran un paso en la dirección adecuada aunque sea un paso a todas luces insuficiente: «Definir la discriminación contra las personas LGTB en el espacio de trabajo como acoso sexual es demasiado ajustado, y también llevará a decisiones parciales porque cualquier tipo de discriminación será catalogada como acoso sexual» dice Fern Ngai, CEO de la empresa Community Business.
Y es que aunque muchos agradecen que el gobierno reconozca la discriminación contra el colectivo LGTB, recuerdan que el acoso sexual es sólo una parte de la discriminación y reclaman un marco legal mucho más detallado que proteja a las minorías sexuales en base a su orientación o género.
Fuente | GayStarNews









