Ya sabéis cómo funciona el tema del matrimonio homosexual en Estados Unidos. Y si no lo sabéis, yo os lo explico. Como allí cada estado hace un poco lo que le da la gana, pues depende del gobernador decidir si los matrimonios LGTB son legales (al menos hasta que el Gobierno del país diga claramente una cosa u otra).
Así que un estado puede decir que no son legales, pero entonces esa prohibición se denuncia ante el Tribunal Supremo que dice que lo de no dejar que nos casemos es anticonstitucional y las bodas entre gays y lesbianas vuelven a ser legales. (Hasta que alguien lo vuelva a denunciar y así la historia no termina jamás).
En Michigan la cosa está dando más vueltas que Britney Spears en plena sobredosis de ansiolíticos y hay 300 parejas de personas homosexuales que aún no saben si están casados o no, lo que suponemos es un drama. Y digo «suponemos» porque seguro que entre los 600 hay alguno que tenía dudas sobre lo de casarse y ya le va bien estar en mitad de un vacío legal.
Un señor cayendo en el vacío legal
Bromas aparte, en el estado de Michigan el matrihomo (es más fácil escribir eso que elegir la fórmula correcta para que nadie se ofenda) era ilegal hasta que Bernard Friedman, juez federal del Distrito de Michigan, sentenció que la prohibición era injusta para los hijos de las parejas homosexuales y anuló esa prohibicón. Acto seguido cientos de parejas que estaban esperando esa decisión corrieron a los juzgados como las maricas no corren a las taquillas de un concierto de Mónica Naranjo, y se casaron.
El Gobernador de Michigan: «Se van a comer una mierda así de grande»
Pero al día siguiente la oficina del gobernador, el republicano (de derechas, vamos) Rick Snyder, consiguió una orden de urgencia que le permitió detener las bodas hasta que otro juzgado se aclarara con las apelaciones a la decisión de Friedman. Finalmente la Corte de Apelaciones del Sexto Circuito dijo que la prohibición era legal en cuatro estados (incluyendo Michigan).
¿Y qué pasa ahora con las parejas que ya se habían casado? Pues según el Gobernador de Michigan no pasa nada, porque según él (y su equipo de abogados) esos matrimonios nunca han existido.
Dicen los abogados del estado que la enmienda que regula los matrimonios en el estado deja claro que sólo son válidas las uniones entre un hombre y una mujer y que la decisión del juzgado del Sexto Circuito hace que esos 300 matrimonios no cumplan esa condición; con lo cual no son válidos. «La premisa legal sobre la que se basan los matrimonios de los demandantes nunca ha existido«.
Y se quedan tan panchos.
Desde un punto de vista legal, dicen, como esos 300 matrimonios se basaban únicamente en una «decisión errónea» de un juez de distrito, esos matrimonios nunca existieron y ahí puedes ver los derechos de esas 300 parejas alejándose… y alejándose… y alejándose… y se fueron. A tomar por culo.
RECREACIÓN: Sus derechos (y los tuyos) yéndose a tomar por culo.
Pero el culebrón no termina aquí ¡qué va! ¡Hay barcas pa’ seguir! Los abogados de las parejas van a elevar sus reclamaciones al Tribunal Supremo, cuyos jueces ya han dicho que están un poco hasta el coño hartos de lidiar con este tema cuya solución debería ser política y no jurídica. Básicamente, que los jueces y abogados están ahí para hacer cumplir las leyes; no para crearlas. Eso es tarea de los gobernantes.
Obama, ponte las pilas.











