Seguramente recordarás el caso de Memories Pizza, una pizzería (con ese nombre ¿qué iba a ser? ¿una tienda de animales?) de Indiana cuyos propietarios salieron en televisión diciendo que se negaban en rotundo a servir pizza para una boda gay. Cualquier persona con dos neuronas funcionando sabe que tampoco era un problema porque ningún ser humano respetable serviría pizza en su boda (y sí, nos consta que hay parejas que se casan en un McDonald’s, por eso he dicho «ser humano respetable«).
Los propietarios de Memories Pizza con carita de pena, entrevistados por la Salma Hayek periodista
La pizzería se hizo famosa en todo el país (el suyo, en el nuestro creo que fue en la época en que a Chabelita le despixelaron la cara) y la derecha más rancia creó un crowdfunding para ayudar a los pobres propietarios que veían como su negocio no paraba de recibir críticas negativas y recaudaron casi un millón de dólares. Sí: UN PUTO MILLÓN DE DÓLARES. Porque no hay causas más importantes en el mundo.
La cosa fue tan loca que hasta surgió una contra-campaña de crowdfunding con dos objetivos: salvar el nombre de la pizza y rescatarla de las garras de la homofobia y recaudar fondos para la fundación True Colors de Cyndi Lauper.
Ahora que ya nos habíamos olvidado completamente de Memories Pizza la historia da un giro de guión propio de una película de Shyamalan. Habiéndote hecho la introducción que te he hecho ya sabes lo que ha pasado (coño, que lo pone en el título); pero como algunos os leéis las noticias en diagonal lo mismo esto que voy a hacer tiene gracia y todo.
Imagínate que vas a una boda gay y después de la celebración (importante el después, si pasa durante seguro que coges la puerta y te vas) los novios sacan unas pizzas para recuperarte un poco. Estáis todos ahí riendo y cantando y celebrando el amor homosexual y tú no paras de pensar en lo buena que está la pizza y preguntas de dónde es, porque quieres más. Entonces uno de los novios te mira fijamente, las luces se pagan y suena música de terror (es una boda gay, tiene que haber drama) y te dice: «De Memories Pizza«
El pánico se desata durante 15 segundos pero luego te das cuenta de lo jodido que será para los dueños homófobos de la pizzería saber que, aunque dijeran que nunca jamás iban a hacerlo porque va en contra de su religión y arderían en el infierno, han servido comida en una boda gay.
Pues eso es lo que pasó en la boda de Robin Trevino, un chico de Chicago que celebraba su boda por segunda vez (la primera no fue legal, era una ceremonia para su familia y amigos). Robin cogió el coche, condujo hasta Indiana y, cargado con una cámara oculta, pidió dos pizzas a la misma propietaria que apareció en televisión diciendo que nunca jamás servirían pizza en una boda gay. Con las dos pizzas en su poder, Robin volvió a su casa, las congeló, se casó y las sirvió a sus invitados.
¡UN APLAUSO PARA ROBIN!
Ahora, por favor, que el Papa Abracitos vuele de nuevo a Estados Unidos para dar consuelo a los propietarios de Memories Pizza.













