Melissa Klein, la pastelera hetera que se hizo famosa al negarse a hacer una tarta para una boda lésbica, anuncia que cesa todo negocio pastelero. Uf, qué pena.
[divider]Actualidad | Alerta Homo[/divider]
Cuando Melissa Klein y su marido saltaron a la palestra eran los albores del drama de las leyes de «libertad religiosa» en Estados Unidos. Ya sabes que allí lo de la libertad religiosa está bastante más radicalizado que en España. Aquí el que pide libertad religiosa es el director de un instituto que manda cartas homófobas a los padres, allí son estados enteros los que protegen por ley a los negocios que se niegan a servir a personas LGTB porque sí.
Melissa tuvo que pagar una multa de 135.000 dólares cuando un juez decretó que había discriminado ilegalmente a una pareja de lesbianas que le habían pedido un pastel para su boda. A pesar de la sentencia en su contra, la pastelera hetera no dudó en explotar su situación intentando dar pena, paseándose por todas las convenciones religiosas por las que podía para contar lo malísimo que era el colectivo LGTB por coartar su libertad… y recaudando todo el dinero que podía. Una petición en GoFundMe alcanzó los 110.000 dólares antes de que la página la cerrara porque está prohibido recaudar dinero para pagar multas. Pero otra petición de crowdfunding en una web cristiana llegó a recaudar más de 350.000 dólares. Un negocio redondo.
La pareja de lesbianas, Laurel y Rachel Bowman-Cryer, aún no han cobrado la multa porque están pendientes de un recurso que los abogados de la pastelera presentaron en el juzgado. Pero a estas alturas de la vida cobrar o no el dinero les da igual: el acoso y derribo al que fueron sometidas (con decenas de amenazas de muerte de por medio) cuando la pastelera y su marido publicaron sus datos personales en Facebook les ha hecho sufrir un auténtico calvario a ellas y a sus dos hijas.

Ahora, a la espera de saber qué decide el juez sobre la apelación de los Klein, los pasteleros han echado el cierre del negocio. Aunque su pastelería, Sweet Cakes by Melissa, no operaba como tal desde 2013, Melissa siguió vendiendo pasteles desde su casa. El mensaje de cese de todo negocio ha aparecido ahora en su página de Facebook (que ha medio desaparecido, aunque aún se ven los comentarios de la gente -y hay de todo-), aunque los abogados del matrimonio (el First Liberty Institute, una organización legal que se centra en casos de libertad religiosa) han aclarado que hace meses que Melissa había dejado el rollo bollo.
«Seguimos apelando la decisión del tribunal para asegurarnos de que conseguimos justicia para los Klein y para todas las personas que puedan encontrarse en circunstancias similares en un futuro» ha dicho Hiram Sasser, el abogado del matrimonio homófobo.
Que nadie sufra por la pastelera, su marido y sus cuatro hijos. No van a faltar cristofachas que les den dinero para ayudar a la pobre pareja blanca heterosexual tan sumamente discriminada. ¡Qué mundo más cruel!
[divider]Fuente: Gay Star News[/divider]












