Si eres fan de The Good Wife, cásate conmigo esto te sonará. Porque una de las cosas que hacen que la serie protagonizada por Julianna Margulies y robada por un montón de secundarios de lujo (sí, estamos pensando todos en el Eli Gold de Alan Cumming) es que sus capítulos siempre están al filo de la actualidad. Y en el de esta semana hemos podido ver a Diane Lockhart (interpretada por la maravillosa Christine Baranski) argumentar ante un grupo de millonetis republicanos por qué la RFRA (la ley que se aprobó la semana pasada en Indiana y que ya ha sido modificada) era discriminatoria hacia las personas LGTB. Y en mitad de ese debate surgió el «hipotético» caso de una pastelería negándose a hacer una tarta con un mensaje religioso claramente homófobo. Diane les explicó, sin despeinarse, que legalmente eso no podría considerarse discriminación hacia la religión puesto que el problema no es la creencia del cliente sino el mensaje despectivo.
Ese caso existió en la realidad, ocurrió en Denver y te lo explicamos aquí. Marjorie Silva, la propietaria, se negó a realizar el pedido que William Jack, un señor homófobo muy pesado, le encomendó y que consistía en dos pasteles: uno con forma de Biblia que incluyera el texto «Dios odia el pecado. Salmo 15:47» y «La homosexualidad es un pecado detestable. Levítico 18:2«; y otro en el que se viera a dos hombres cogidos de la mano y una señal de prohibido sobre ellos.
Marjorie le dijo al cliente que ella le hacía los pasteles con la forma que quisiera y le vendía el material para que escribiera lo que le diera la gana sobre él, pero se negó en rotundo a que de su negocio salieran dos tartas con mensajes cargados de odio y el cliente, después de acosarla durante varios días, acabó poniendo una denuncia ante la División de Derechos Civiles de Colorado quejándose por haber sido discriminado por su religión.
Pues la División de Derechos Civiles ha dicho que nanai de la China, que Marjorie no discriminó a nadie. Tras una investigación han llegado a la conclusión (lógica, por otra parte) de que el problema no era la fe del cliente sino el mensaje y la imaginería despectiva y que Marjorie se habría negado a hacer lo mismo si el mensaje en los pasteles hubiera ido dirigido hacia los cristianos.
Marjorie, una de nuestras mujeres favoritas ahora mismo
De hecho, señala la sentencia, la propia Marjorie es católica, tiene empleados que comparten su fe (y otros que no) y en su negocio se pueden encontrar pasteles decorados con símbolos cristianos y frases como «God Bless» o «Mi Bautizo«. Así que, básicamente, William Jack puede meterse sus pasteles, sus mensajes, su Biblia y su denuncia por donde más le guste.
Regocíjate, amiga: parece que aún queda algún cerebro funcionando en Estados Unidos.
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