Brasil es un país enorme, con mucha gente, mucho mariconeo pero también con mucha homofobia (te recordamos que en 2014 se registraron 326 muertes por orientación sexual en el país) Así que harta de la situación, el año pasado Viviany Beleboni decidió liarse la manta a la cabeza y salir en la manifestación del Orgullo Gay de Sao Paulo… bueno, más bien lo que se lió a la cabeza fue una corona de espinas porque decidió acudir simulando una crucifixión.
Y ahora algunos diréis: es que no hace falta provocar, es innecesario, en qué jardines se mete… Pues chica, si las iglesias están llenas de estatuas semidesnudas y sangrates y luego las sacan a pasear por las calles sin preguntar a nadie si se siente ofendido, no vemos ninguna razón para que se molesten por esto. Por supuesto, la Iglesia no se calló y habló de blasfemia, profanación y demás palabras bonitas que les gusta usar cuando se sienten ofendidos. Hasta 330 diputados firmaron una carta calificando de «innecesaria» la «performance» de Viviany, que por cierto, contestó de forma muy acertada al afirmar que «Jesús murió por todos y fue humillado, motivo de burlas, agredido y muerto, que es lo que viene sucediendo diariamente con las personas LGBT por no tener leyes».
El matiz viene después El problema vino cuando Marco Feliciano, que es pastor evangelista y diputado, se hizo un tour televisivo poniéndola como un zapato, lo que provocó según la modelo, que recibiera amenazas de muerte iniciando un proceso judicial que ahora ha sido desestimado afirmando que Beleboni «cruzó la línea y sembró la intolerancia y la falta de respeto a la libertad religiosa». Se ve que la línea sólo se puede cruzar desde un único lado.
Indemnizaciones aparte, nos encanta esa doble vara de medir que tiene la Iglesia allí donde se encuentra. Esa Iglesia que predica amor desde el odio, la que pide respeto desde el desprecio y la que dice que te ama pero no te acepta.
Por Dios, qué trascendentes nos hemos puesto. No podemos cerrar este post sin recordar la crucifixión de Jesús Vázquez en la revista Zero…
Ni la de Madonna, claro…













