Mientras algunos se pelean por quitar la T del colectivo LGTB y argumentan a su favor el peligro de reconocer la transexualidad en niños pequeños, en otras partes del mundo parece que empezamos a tener las cosas más claras y los avances van llegando poquito a poquito.
El Departament de Salut de la Generalitat acaba de entregar la primera tarjeta sanitaria con nombre de niña a un menor transexual. Y lo han hecho a petición de sus padres, gracias a las gestiones que ha realizado la Conselleria de Benestar Social para que se que reconociera el derecho del menor a que constara el nombre que corresponde al género con el que se identifica.
Ese derecho está recogido en el artículo 23 de la Ley 11/2014, como recuerda el Área para la Igualdad de Trato y no Discriminación de Personas LGTBI: «En el ámbito de las administraciones públicas de Cataluña, especialmente en el ámbito educativo y universitario, deben establecer por reglamento las condiciones para que las personas transgénero y las personas intersexuales sean tratadas y llamadas de acuerdo con el nombre del género con el que se identifican, aunque sean menores de edad«.
Según la Generalitat éste es el primer caso en el que se entrega una tarjeta sanitaria con el nombre de género a una menor, lo que aseguran es un nuevo avance «en el reconocimiento de los derechos de las personas LGTBI«. ¿Eh, CIFUENTES?
Además la propia Generalitat recuerda que la Conselleria de Benestar Social está ahí para ayudar a todas las personas que quieran solicitar una identificación acorde con el nombre de su género a realizar los trámites correspondientes. Que antes de que alguna histérica de derechas se ponga a decir la tontería esa de «pues yo hoy me levanto sintiéndome mujer y me cambio el nombre» aclaramos que son muchos trámites, que esto no es una tómbola. Un poquito de por favor.
«Medidas y acciones como estas contribuyen a lograr la plena equiparación legal y social del colectivo, a la vez que contribuye a su normalización«, señalan desde el departamento de Bienestar Social.
Y nosotros que nos alegramos. Mucho. Porque al contrario de lo que apuntan algunos energúmenos no tiene nada que ver que un niño sea más afeminado o una niña más «marimacho» (qué palabra más fea, por favor inventemos otra) con el hecho de que se identifique con un género distinto.
Fuente | El Periódico














