No hace falta ser Sherlock Holmes para saber que si hay una cosa que una cierta ideología política le tira más que sus valores es el dinero. Que aquí todos somos santos y tenemos una moral irreprochable hasta que nos tocan el bolsillo.
Pues justo en esa situación se encuentra la ciudad de Indianapolis. De lo que ha pasado en los últimos meses en el estado de Indiana te hemos hablado largo y tendido en la web, hasta le dedicamos un artículo llamado «Indiana Wars» en el que te explicábamos por qué es importante (para todos) el follón que tenían montado a costa de la ley de «libertad religiosa». Como sabrás, lo de la «libertad religiosa» es la última excusa que los intolerantes conservadores se han sacado de la manga para poder ser homófobos sin que nadie les pueda reprochar nada, el escudo que utilizan para echar de sus negocios a personas LGTB o negarse a ofrecerles un servicio.
Lo malo de esta ley de «libertad religiosa» es que no parece estar sentándole bien a las arcas de la ciudad. Según un documento interno de Visit Indy, la agencia de turismo de la ciudad, obtenido por Associated Press, los turistas del resto del país no quieren visitar Indiana precisamente por esa ley. Visit Indy realizó encuestas a 12 grupos de visitantes de fuera del estado y, como explica Chris Gahl (vicepresidente de marketing y comunicaciones de Visit Indy): «Citan de forma proactiva la ley como una razón para no elegir Indianapolis. No es el tipo de noticia que quieres oír cuando estás en el negocio de promocionar la ciudad.«
Visit Indy va más allá y deja claro que la maravillosa ley de «libertad religiosa» les está costando 60 millones de dólares al perderse reservas en hoteles, consumo en los negocios locales o en el pago de impuestos de todas esas transacciones. El gobernador Mike Pence, el hombre que firmó la ley, dijo en su momento que no iba a afectar a la economía. Algo que los demócratas tacharon (y siguen tachando) de «delirio«.
Y por si todo esto no fuera suficiente, a Pence le llueven críticas también por parte de las empresas y los grupos de inversión. Según un informe de Indiana Competes, el 82.7% de las inversiones en el estado han ido a comunidades que ofrecen protección contra la discriminación a personas LGTBQWERTY; y un 55% de los nuevos empleos se crearon en comunidades con ordenanzas que protegen los Derechos Humanos. Como explica Michael Huber, CEO de la empresa Indy Chamber: «No es sorprendente que las compañías busquen invertir e instalarse en lugares cuyos líderes han dado pasos para fomentar la inclusión y prohibir la discriminación de cualquier tipo. Hoy en día vivimos una dura competición en busca de trabajos y talentos y en Indiana no pueden permitirse tomar acciones que bloqueen las inversiones.«
Ahora sólo falta ver lo que tarda Mike Pence en replantearse si la «libertad religiosa» es realmente un buen negocio.
Fuente | GayStarBusiness












