• Jay Alfie, un estudiante trans de un instituto de Texas, ha tenido que luchar durante meses para asegurar que durante su graduación escucharía su nombre real y no el deadname que hace años que dejó atrás.


El viernes pasado el Allen High School (en Texas) celebraba la graduación de sus alumnos. Entre los graduados estaba Jay Alfie, un chico que hasta dos días antes no sabía si escucharía su nombre en la ceremonia. Y no porque no pudiera graduarse o porque tuviera reserva para ir a Maspalomas (que por lo visto es el sitio al que todos habéis decidido ir en estas fechas).

Jay es un chico trans en cuya documentación aún aparece su deadname (el nombre de género opuesto que se le asignó al nacer) y el Distrito Escolar al que pertenece su instituto tiene una norma: en las ceremonias de graduación se usa únicamente el nombre legal de cada alumno. Ni pseudónimos, ni apodos. Solo su nombre real.

Jay, en una foto tomada antes de su baile de graduación

Jay, que ahora tiene 18 años, nació en Cancún y sus padres se mudaron a Estados Unidos cuando tenía 6 años. En su primer año de instituto Jay salió del armario como chico trans y desde entonces ha respondido únicamente a su nombre. Que por si no te ha quedado claro aún es Jay. Profesores, compañeros, amigos, familia… todos le han llamado siempre Jay. Algunos ni siquiera saben cuál era el nombre que se le asignó al nacer. Pero a Jay le preocupaba qué iba a ocurrir durante su graduación.

Hace más de un año Jay preguntó a un trabajador del colegio si podría graduarse utilizando su nombre elegido, y desde el centro le aseguraron que no habría ningún problema. Pero en enero de 2018 un trabajador diferente le dijo que le habían informado mal y que se utilizaría su deadname porque las normas del Distrito obligan a utilizar los nombres legales de cada alumno. Los padres de Jay, al enterarse, llamaron a la persona que coordinaba la ceremonia de graduación para asegurarse de que su hijo no tendría que escuchar su deadname durante el acto, pero la respuesta fue la misma: solo se utilizaría el nombre legal. “Me sentí fatal“, ha explicado Jay al Huffington Post, “Sentí que todo el duro trabajo y todo lo que había conseguido durante ese año no iban a servir para nada. Me daba pánico el día de la graduación. Tenía miedo de que la gente hablara mal de mí o que me vieran de forma diferente si me veían subir al escenario no como la persona que conocen sino como la persona que dejé atrás“.

Jay y su familia

Si el proceso de cambio de nombre ya es complicado para cualquier persona trans (algo que poco a poco empieza a solucionarse en muchos países, en España la autodeterminación de género es un derecho que comienza a implantarse en diferentes comunidades pero aún no se acepta a nivel estatal), imagínate para un chaval de 18 años que nació en otro país. Los padres de Jay comenzaron los trámites legales en México para conseguir cambiarle el nombre a su hijo antes de la ceremonia, pero aún así su abogado les avisó de que era improbable que el proceso se completara antes del 1 de junio.

Fue entonces cuando la hermana de Jay, Isabella, publicó una petición online para exigir al instituto que respetaran la identidad de género de Jay y utilizaran su nombre elegido durante la ceremonia. La petición se volvió viral en pocas horas y consiguió miles de firmas de apoyo a Jay.

Finalmente el superintendente del distrito escolar, Scott Niven, emitió el martes por la mañana un comunicado explicando que aunque las normas dejan claro que se utilizarán los nombre legales de los estudiantes, en el caso de Jay su familia había comenzado los trámites necesarios meses atrás y, por lo tanto, iban a respetar su demanda. “La familia Alfie lleva varios meses inmersa en el proceso de obtener un cambio de nombre legal“, explicaba Niven -que no ha querido hacer más declaraciones- en su comunicado, “Por circunstancias que van más allá del control de la familia, el proceso legal no se habrá completado antes de la graduación del 1 de junio. Por lo tanto, dado que la familia ha rellenado los papeles legales para el cambio de nombre, se honrará la petición de cambiar el nombre durante la graduación“.

Así que sí, Jay Alfie pudo graduarse tranquilamente y el nombre que escuchó fue el suyo. A pesar de todo el chico cree que tanto el instituto como el distrito escolar podrían haber arreglado las cosas antes (y, básicamente, sin joderle media vida durante todo este tiempo): “Ellos no lo ven como algo importante; pero para mí, obviamente, era lo más importante del mundo. Simplemente creo que deberían haber tenido en consideración mis sentimientos por delante de otras cosas antes de que todo se volviera tan grande“. Jay (que lleva días que no para de hablar con los medios) ha agradecido a su familia y amigos el enorme apoyo que le han dado durante todo este tiempo y, aunque para él se trataba de una cuestión personal, espera que algo así no vuelva a ocurrirle a ningún alumno trans en su instituto.

Según un estudio de la Universidad de Texas, publicado el pasado mes de marzo, el uso del nombre elegido por adolescentes trans reduce considerablemente el riesgo de depresión, autolesiones y suicidio. Stephen T. Russell, el autor de ese estudio, declaró que a pesar de llevar más de 20 años estudiando a la juventud LGTB+ se sorprendió al darse cuenta de “lo clara que es esa conexión“.

Y ésa es solo una de las muchísimas cosas que las personas cis damos por sentado y que, literalmente, cambian una vida. Seamos un poquito más empáticos. Gracias.

Fuente | Huffington Post

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