Ya llevamos días hablándote de los problemas bastante serios que está afrontando la comunidad LGTB en ciertos estados de Estados Unidos en los que con la excusa de la «libertad religiosa» se están aprobando leyes homófobas y discriminatorias. Los que las aprueban dicen que no es homofobia, que sólo se trata de proteger la práctica de la religión de cada uno; pero en realidad estas leyes otorgan a los ciudadanos cristianos (básicamente) el derecho de no ofrecer un servicio (sea en un negocio o en una administración pública) a una persona o una pareja homosexual.
Ellen DeGeneres aprovechó el otro día su programa para dirigirse a la señora Siippi («No sé qué estará haciendo Mr. Siippi, pero estoy muy preocupado por Mississippi«) y cargar contra la legislación de «libertad religiosa» que se acaba de aprobar en ese estado y que lo ha situado junto a Carolina del Norte como uno de los más homófobos del país.
«No soy una persona política, de verdad que no. Pero esto no es política, son derechos humanos. Y cuando veo algo que está mal tengo que hablar sobre ello. Así que este problema es muy personal para mí. Primero porque Mississippi es el único estado que sé deletrear. Segundo porque esto es la definición de discriminación. También es algo sobre lo que el Tribunal Supremo ya ha dictaminado cuando legalizó el matrimonio como un derecho para todos. Para todos.«
El discurso de Ellen era interrumpido cada dos por tres por los aplausos del público (sí, reconocemos que no tiene mucho mérito porque estaba predicando para los conversos; pero eso no le resta fuerza a su mensaje); y además consiguió dejar muy claro lo que tenía que decir sin perder el sentido del humor: «El Tribunal Supremo dijo lo mismo que decían Diana Ross y las Supremes hace mucho tiempo: ‘Stop, in the name of love.» Y ahora Mississippi dice que no acata ese sentimiento.«
Por si había alguien perdido en el público que no sabía de lo que estaba hablando, Ellen lo explicó así de sensishamente: «Imagina que dos cupcakes entran en una floristería y quieren comprar una docena de rosas. Pero el florista no cree en vender rosas a los cupakes porque estos no tienen dinero. Pero la gente gay sí que lo tiene, así que ¡véndele las malditas flores!«
Además la presentadora, que conoce de primera mano lo jodido que es salir del armario en una sociedad que no está preparada, tiene un mensaje para las personas LGTBQWERTY que viven en un estado homófobo: «Si estás en Mississippi o en Carolina del Norte o donde sea y te entristece el hecho de que la gente te juzgue por la persona a la que amas, no pierdas la esperanza. Yo fui despedida por ser lesbiana. Y sé lo que se siente. Lo perdí todo. Pero mírame ahora. Puedo comprar la mansión del gobernador, redecorarla y sacar un beneficio de siete millones de dólares.«
No podemos ser más fans.












