Te contábamos el otro día la bonita historia de Martin Shkreli, el director de una farmacética que compró los derechos de un medicamento contra la toxoplasmosis que se inventó en los 50 y subió el precio de 13,50$ a 750$ por pastilla. Seguro que te acuerdas, porque le pusisteis a caer del burro en Facebook y porque tiene esta cara de lerdo:
Si nos dio por explicarte esta bonita historia fue porque ese medicamento se utiliza para tratar una infección (la toxoplasmosis, ya te lo he dicho) que en personas sanas es casi inocua pero que en embarazadas, pacientes de cáncer o enfermos de SIDA puede ser vital. De ahí que Shkreli se convirtiera en el hombre más odiado de Estados Unidos por especular de forma tan asquerosa con la salud de las personas.
A pesar de que la empresa reportó 15.000.000 de dólares en pérdidas en el último trimestre (porque, según dijeron, habían invertido mucho en investigación), Shkreli había anunciado que se replantearían la decisión y bajarían el precio del medicamento.
¿Y lo ha hecho? No.
¿Y lo va a hacer? Tampoco.
Esta semana la compañía ha anunciado que el Daraprim seguirá costando 750$ por pastilla, pero que van a establecer un sistema de descuentos de hasta un 50% para hospitales, además de hacer botellas más pequeñas para que les salga más barato.
Además regalarán algunas muestras para empezar los tratamientos (claro cariño, tú me regalas la primera pastilla y luego ya me hipoteco para pagar el resto y no morirme). Para los pacientes con seguro establecerán un copago de 10$ por receta (¿te suena de algo?) y para los pacientes que no tengan seguro o estén por debajo del umbral de la pobreza la suministrarán gratis.
La medida no ha hecho que Shkreli caiga mejor y tanto doctores como activistas contra el VIH siguen manteniendo sus quejas. Tim Horn, del Treatment Action Group, ha dicho que este movimiento de Turing Pharmaceuticals no sirve de nada porque «aunque la mona se vista de seda, mona se queda«. Bueno, ha dicho «this is nothing more than lipstick on a pig» pero claro, esa frase hecha nosotros no la tenemos en nuestro lenguaje.
Anyway, Shkreli: qué imbécil.
Fuente | Arstechnica
















