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El Tribunal Supremo de EE.UU. desestima el recurso de un terapeuta (y ministro religioso) que consideraba que la prohibición de las «terapias» de conversión en menores iba en contra de la libertad religiosa.
En 2012 el estado de California aprobó, mediante una sentencia firme, una ley que prohibía practicar las infames «Terapias de Conversión» en menores de 18 años. Como ya sabrás (y si no lo sabes ya te lo decimos nosotros) este tipo de «terapias», que pretenden volver hetero a una persona homosexual, son un fraude absoluto y no tienen ninguna base científica. De hecho todas las asociaciones de psicología y psiquiatría las condenan porque dado que no consideran la homosexualidad una enfermedad no hay nada que «curar».

La ley californiana, que fue la primera de ese estilo en aprobarse en Estados Unidos, prohibe a doctores, psicólogos, terapeutas familiares y trabajadores sociales practicar este tipo de «terapias» en menores de edad; pero sí permite que se refiera al menor a un líder religioso para que reciban consejo (que no terapia). Precisamente un líder religioso, el terapeuta y ministro Donald Welch, fue el cabecilla de un recurso grupal presentado ante el Tribunal Supremo solicitando que se eliminara la prohibición porque consideran que coarta su libertad de expresión, la libertad de las familias y además les prohíbe hacer según qué tipo de oraciones o citar ciertos pasajes de la Biblia. Vamos, que pobrecitos ellos que se vulnera su «libertad religiosa».
Por qué ¿para qué usar la libertad religiosa sino para oprimir a las minorías y hacer que las personas homosexuales tengan vidas miserables?

Las autoridades californianas solicitaron al Supremo que no consideraran ese recurso puesto que la ley en ningún momento coarta la libertad de nada de nadie, que los líderes religiosos pueden seguir diciendo lo que les dé la gana siempre y cuando no lo hagan durante una sesión de terapia licenciada por el estado.
En una decisión unánime, el Supremo considera que algunas personas no sólo pueden buscar el «cambio» en su orientación sexual por motivos religiosos sino que también puede haber motivaciones seculares, y que los menores de edad tienen toda la libertad del mundo para buscar eso (aunque, repetimos, no sirve para nada y es más dañino que otra cosa) «por si mismos o con ayuda de familiares, amigos o líderes religiosos» una vez cumplan 18 años. Y como la ley lo único que hace es regular lo que ocurre entre un terapeuta y su paciente, los jueces consideran que, efectivamente, los líderes religiosos no tienen nada sobre lo que quejarse.

Fuente | San Francisco Gate









