Luego que si el cambio, que si la modernización, que si la Iglesia no es homófoba… Y mira lo que pasa.
En febrero de 2015 el parlamento de Eslovenia aprobó una enmienda de ley para extender el derecho del matrimonio a las parejas gays. Evidentemente ese derecho incluía la adopción por parte de parejas homosexuales. Y, evidentemente, a los más conservadores no les gustó nada esa ley.

¿Y qué hicieron? Pues protestaron mucho. Tanto que al final consiguieron unas 40.000 firmas para forzar que esa enmienda de ley se sometiera a referéndum. Ese referéndum, que se celebrará este domingo día 20 de diciembre, puede tumbar los derechos de los homosexuales en Eslovenia. De hecho es casi seguro que lo hará porque si sólo un 20% de los votantes se oponen a la ley, se anulará. Y ya sabemos que a la hora de joder los derechos de los demás los más conservadores siempre acuden prestos a las urnas.

Todo esto es un absurdo maravilloso porque, como explica Boris Dittrich de la Human Rights Watch, «los derechos de una minoría, sobretodo en temas de igualdad, no deberían poder ser eliminados por la voluntad de la mayoría«.
¿Y quién se ha alineado con los contrarios a estos derechos de igualdad invitando a todos los eslovenos a votar que NO al matrimonio homosexual? Exacto, el Papa Francisco. Mientras estaba dando uno de esos discursos tan bonitos que da él en la Plaza de San Pedro en el Vaticano, el Papa Abracitos ha dicho que desea «alentar a todos los eslovenos, especialmente a aquellos en puestos de responsabilidad pública, a preservar la familia como la unión básica de nuestra sociedad.«
Porque para el Papa Abracitos, aquél del «quién soy yo para juzgarlos», nuestras familias no son familias.
Fuente | GayTimes











