Gilipollas hay en todas partes. Muchos. Pero como los dueños del restaurante Memories Pizza hemos visto pocos.
Ya te hemos contado que en Indiana (el estado americano -que no hay otro, pero como eres un poco lenta te lo explicamos bien) se acaba de aprobar una Ley de Libertad Religiosa que es en realidad un engendro de discriminación legalizada promovida por los lobbys ultrarreligosos estadounidenses.
Una calle cualquiera en Walkerton (Indiana), con una pizzería muy mona en medio.
La ley, aunque el gobernador que la firmó diga que no, permite a todo el mundo (incluídas las empresas) a negarse a ofrecer sus servicios y a discriminar a cualquier persona basándose en sus creencias religiosas. Y eso es justo lo que han hecho los dueños de la Memories Pizza, un restaurante situado en el pequeño pueblo de Walkerton, que al ser preguntados sobre la ley y sobre si atenderían a una pareja homosexual que les pidiera el catering de su boda aseguraron que ni de coña.
Efectivamente amiga, éste es tu mundo hoy en día.
Si una pareja gay viniera y quisiera que sirviéramos pizzas para su boda, les tendríamos que decir que no. Somos un negocio Cristiano. No discriminamos contra nadie, son sólo nuestras creencias y todo el mundo tiene derecho a creer en cualquier cosa.
Eso es lo que opina Crystal O’Connor, una de las empleadas/propietarias (es un negocio familiar) de la pizzería, que dijo que a ellos la ley les parece fantástica porque no discrimina a nadie, sólo protege a las personas que son creyentes.
Su padre, Kevin O’Connor, tiene aún más gracia el jodío:
Es un estilo de vida que han elegido. Yo elijo ser heterosexual. Ellos eligen ser homosexuales. ¿Por qué se me debería apalear para apoyar algo que han elegido ellos?
Ojo con esa frase, Kevin, que según la entendemos nosotros estás reconociendo que a ti te van las pollas como los brazos de gitano pero has elegido ser gay.
Pues bueno, después de soltar esas tonterías en la tele, las redes sociales se volvieron locas contra la familia O’Connor y su pizzería. La página de YELP del negocio se ha llenado de reseñas negativas y la pizzería, de hecho, aparece como cerrada. Y es que los O’Connor han decidido cerrar su negocio temporalmente hasta que la cosa se calme.
Pero la cosa no se calma.
Porque tras una entrevista telefónica a la hija, Crystal O’Connor, en la que han metido más manipulación dramática que en un Polideluxe de Rosa Benito sobre las amantes de Amador Mohedano, uno de los comentaristas del programa que habló con Crystal organizó una campaña de crowdfunding para ayudar a una familia porque, cito textualmente:
En lugar de permitir que esta familia tenga su opinión, la cual les pidieron que dieran, gente indignada ha cogido las antorchas y ha comenzado una campaña para destruir este pequeño negocio en un pequeño pueblo de Indiana. Todo por tener una opinión fundamentada en la fe. Nadie fue rechazado. Nadie fue discriminado. Era una situación hipotética planteada por un periodista que tenía motivos muy cuestionables.
La campaña, que empezó queriendo recaudar 25.000 dólares, lleva ya recaudados más de DOS CIENTOS MIL. Ser homófobo nunca ha salido tan rentable. Porque sí, querido Lawrence Jones, comentarista del programa de Dana Loesch, es cierto que no se ha discriminado a nadie… AÚN. Pero déjame que te diga una cosa: la homofobia no es una opinión. La ignorancia no es una opinión.
Aunque no creemos que los O’Connor sean tan ignorantes como parece, y es que hay algunos usuarios de la página de YELP que aseguran que el negocio lleva mucho tiempo sin funcionar como es debido, que la familia tenía bastantes deudas acumuladas y que todo esto ha sido un intento desesperado por crear polémica para conseguir dinero fácil.
En cualquier caso todo este drama es una gilipollez sin fundamento porque como, y esto es algo que todos hemos pensado: una pareja gay JAMÁS serviría pizza en su boda.
Una de lesbianas… tal vez.















