La Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, ha dejado claro hoy que ella no quiere saber nada de los problemas de cada año a la hora de organizar el Orgullo; y lo ha hecho diciendo esto:
«Eso no es derecho de reunión, es otra cosa. Pero como tiene ese componente reivindicativo, es un acontecimiento a caballo entre ese derecho y algo más lúdico«
Vamos, lo que los maricones llevamos años diciendo: que el Orgullo es una manifestación reivindicativa y que es nuestro derecho reivindicar como nos dé la gana.
Pero lo que preocupa a Cifuentes es que, por lo visto, «existen dudas de que este tipo de acontecimientos entren dentro del derecho de reunión«. ¿Quién tiene esas dudas? ¿Ella? ¿Franco? ¿Ana Botella? ¿AEGAL? ¿Letizia? No lo sabemos, pero existen dudas porque «en el derecho de reunión no entra una manifestación con carrozas«.
La cuestión es, según Cifuentes, que no es que quieran cancelar el Orgullo; si no que lo que quiere es saber exactamente a quién pertenecen las competencias para encargarse de él. Porque si se considera que el Orgullo es una manifestación reivindicativa, entonces es competencia de la Delegación. Pero si se considera que no es una manifestación reivindicativa si no un desfile lúdico en el que se acumula mucha gente, entonces es competencia del Ayuntamiento. Por eso ha pedido a la Abogacía del Estado que diga a quién coño le corresponde pelearse con los maricones cada año por este tema.
Así de claro.
Cifuentes, además, lo ha comparado con las celebraciones deportivas que tanto nos gusta sacar a pasear cuando se ponen tontos con este tema. Y ha dicho que ambas cosas son diferentes. «Me resulta muy curioso porque una celebración deportiva no entra dentro del derecho de reunión porque tienen legislaciones diferentes. En una celebración deportiva la Delegación del Gobierno no tiene absolutamente nada que decir, mientras que en un acontecimiento deportivo sí porque se rige por la Ley de Violencia en el Deporte«. Y aclara que aunque en una celebración la Delegación ni pincha ni corta, es normal que manden policías para evitar alteraciones en el orden público. «Pero ese tipo de eventos, que suponen la utilización del espacio público, correspone regularlos a los ayuntamientos«.
Lo dicho: que Cifuentes quiere que alguien le diga que el Orgullo es como una celebración deportiva para no tener que decidir nada. De nuevo: que no quiere comerse el marrón que se ha comido este año porque a Ana Botella y su equipo se les ha cruzado el Orgullo. Si por ella fuera, habría un Orgullo cada día. Y no porque le caigamos bien los maricones (que no lo sabemos, no hemos tomado café con ella nunca), pero a Cifuentes todo le parece maravilloso.
Cifuentilla, Reina del Desierto
Fíjate si es así, que cuando le han preguntado por el cambio de recorrido ella ha dicho que, literalmente, le da completamente igual por dónde pase la manifestación/desfile: «El COGAM y la FELGTB eran conscientes de que el trayecto de la Gran Vía entrañaba el problema de seguridad. A mí me da igual que una manifestación se realice en una vía u otra, incluso en el tráfico puede alterar más el eje Prado-Recoletos que en Gran Vía«. Y por si aún tienes dudas de que Cifuentes lo que quiere es distanciarse del Ayuntamiento (probablemente porque en un futuro no le importaría hacer un Gallardón a la inversa y ser la nueva alcaldesa de Madrid) ha dicho a los periodistas que lo de que no desfilemos por la Gran Vía es una decisión que se tomó «en base a un informe del Ayuntamiento de Madrid que alertaba de los problemas de seguridad que entrañaba Gran Vía«.
RECREACIÓN: Cifuentes vs. Botella. Round 1. FIGHT!
No vamos a ser nosotros los que defendamos a Cifuentes (¡quita bicho!) pero… ¿Esta estrategia convierte a Cristina Cifuentes en la mujer más inteligente de la política española?
Seeeeeeeeeeeeeh….
Claro que tampoco lo tenía muy complicado.
A nosotros, mientras #nonostoqueselorgullo (y la sanidad, la educación, el empleo, los hogares…) todo nos parece bien.














