Probablemente entre perder esos kilos extra de las navidades, volverte beata en Semana Santa, dejarlo con tu novio a principios de verano para poder follar como una perra disfrutar de las vacaciones, ciclarte para el Circuit o, simplemente, dedicarte a ver chulazos por las calles; no has prestado atención a las noticias de estos últimos… Digamos 6 meses…
¿Me estás llamando guarra despistada?
Ya te contamos el pasado febrero que en Uganda (un hermoso país africano) entró en vigor una ley antihomosexual que generó mucho malestar y grandes protestas entre organizaciones LGTB y algunos gobiernos de países occidentales (E.E.U.U., por ejemplo, se planteó negar la entrada de autoridades ugandesas a su territorio).
Según varias ONG, esta «dura» legislación contra la homosexualidad no sólo «justificaba» los abusos y agresiones a personas del colectivo, si no que iba a provocar un aumento de las detenciones arbitrarias, la extorsión policial, los despidos, las expulsiones de sus hogares y los asaltos. Y por si todo eso fuera poco, también reducía el acceso de los homosexuales a los servicios de salud y hacía peligrar las campañas de prevención contra el SIDA.
Y es que la ley ugandesa tipificaba la homosexualidad como un delito por el que se podían aplicar penas de hasta 14 años de cárcel e incluso con cadena perpetua a los «reincidentes».
No os emocionéis, queridas; porque aunque sé que estáis todas deseando estar rodeadas de chulazos sudorosos y policías corruptos para toda la vida, lo cierto es que esta legislación permitía la «Caza al Gay«, y no te estoy hablando de un reality presentado por Luján Argüelles precisamente…
Lo más absurdo de todo es que el presidente ugandés, Yoweri Museveni, encargó «un informe» a un grupo de «expertos» para determinar si la homosexualidad era una enfermedad genética y no fue hasta que le dijeron que no, que no estamos enfermos si no que somos un peligro andante porque nos da la gana, que se decidió a firmar la ley.
Ahora el Tribunal Constitucional ugandés ha derogado la ley porque afirma que la votación en el parlamento no alcanzó el número de votos necesarios para ser aprobada, con lo que la ley antihomosexual pasa a ser «nula y sin efectos«. Vamos, como esnifar tiza.
Pero no lancemos las pelucas campanas al vuelo todavía, amigas; porque siempre tiene que haber alguien que nos toque la moral y los homófobos que SÍ apoyaban la ley recién suspendida han anunciado que piensan recurrir esta sentencia. Mientras tanto las asociaciones LGTB se alegran de la decisión, aunque nos recuerdan que aún queda mucho camino por recorrer; en Uganda ser homosexual sigue siendo un delito (aunque las penas no sean tan duras como las que proponía el bueno de Museveni) y esperan que, por desgracia, la decisión del Constitucional provoque una oleada de ataques homófobos.
Estaremos atentas.













